CONTRASTESDía de luto

CONRADO ALONSO

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No es muy ocurrente que digamos regresar a la espectacular sucesión de hechos acaecidos hace precisamente un año y, más o menos, a estas horas cuando usted iba a leer la prensa que, más bien, la dejó en cualquier rincón para afrontar visualmente, por la tele, lo que estaba sucediendo sobre las dos torres gemelas de New York.

Tanto han escrito sobre ello todos los medios escritos, tanto han discurrido sobre lo mismo políticos, analistas y comentaristas, tantas veces ha irrumpido en nuestros televisores la toma de los avionazos y del casi inmediato desplome de las torres que nadie podrá pasar por alto la fecha del primer aniversario de aquel 11-9-01.

Ahora bien, si es usted uno de los muchos que deben estar hartos de tantos repetitivos encuentros y reencuentros, y si no está dispuesto a prestarle a la fecha ni un minuto de su atención, créame que le entiendo. Por mucho que se diga y por mucho llanto derramado, que respetamos. Nos gustaría ver actitudes más claras y dignas.

Y tratemos de ver qué hay en el horizonte, si el ave fénix ha resurgido de sus cenizas, y si el desorden provocado ha sido capaz de instaurar, o aconsejar, un nuevo orden. Si esto último tuviera visos de alguna posibilidad, sería suficiente. Hasta podríamos reconocer resignadamente que no hay bien que por mal no venga.

No puede ser más oscuro y negro el horizonte. Un año lleva el representante político de los afectados por el acto terrorista dedicado totalmente a encontrar madrigueras de terroristas. Puede hacerlo el señor George W. Bush porque, paradojas de la vida, a él le afectó para bien: se olvidó su renqueante llegada a la presidencia.

Y como sus mastines seguían olfateando por el exterior, en el interior otros canes de reconocido pedigrí se instalaban en el canódromo de los desfalcos financieros y mercantiles. Seguían, pues, cayendo torres y emporios. Estos eran terroristas autóctonos, de los que no pueden ser consignados a la Corte Penal Internacional.

Seguramente mañana, en su comparecencia ante la Asamblea General de la ONU, nos advertirá el señor Bush que no seamos ilusos, que no prescindamos del luto obligado por los hechos del once de septiembre del año pasado, porque él está dispuesto a ir a la guerra contra Irak y que caiga quien caiga. Esto le viene flojo.

Usted, caro lector, ¿ha soñado ver a don George W. Bush quitándose su ridículo sobretodo de talibán occidental, pidiendo perdón a la humanidad por los atropellos causados, ?urbi et orbi?, por los poderes yanquis -que bien clasificados los guardan-, y tomar la espada de la justicia contra el terrorismo?

Sinceramente, yo tampoco.

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