CONTRASTESEl aguinaldo

CONRADO ALONSO

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Una de las muchas bellezas que alegran este mes de diciembre es, sin duda alguna, recibir el aguinaldo. Ahora bien, si usted, como yo, está fuera del listado y no ha merecido aguinaldo alguno, no vaya a creer que por eso es menos bello y que debe dar paso a una rabieta de campeonato por quedar excluido.

Recuerde con íntima alegría y satisfacción aquellos años en los que era usted merecedor del aguinaldo, y cómo llegaba a su casa feliz con la billetera abultada por el nuevo ingreso que le iba a permitir la compra de juguetes para sus chavales y, cómo no, alguna que otra prenda para su media naranja.

Porque yo sé que era usted un magnánimo repartidor de su aguinaldo entre los seres que llenaban el hogar, y puede que hasta su suegra recibiera lo suyo, olvidándose de sí mismo porque el amor es así de generoso y dadivoso. Le encanta repartir y compartir, hacer felices a todos los que nos rodean.

No sé si habrá caído en la cuenta de que hoy, al no recibir aguinaldo porque ha pasado al otro mundo de los descalificados por la edad, tiene otras compensaciones. Y una de ellas, no desdeñable, podría ser la de no verse obligado a comprar un regalo para la suegra, si es que ya pasó a mejor vida.

No mucho me gusta apropiarme de esa frase hecha ?pasar a mejor vida? porque en verdad quien goza de nuevo estatus y de mejores posibilidades suele ser el que permanece en ésta. Pero, en fin, respeto la expresión esa y la tomo como una piadosa manera de acompañarle en su dolor. Si ha lugar.

El aguinaldo siempre fue el señuelo que nos obligaba a esperar alegremente la llegada de diciembre. Era el gran reclamo de muchas ilusiones, hasta que llegó esa otra compensación económica del Bono 14 que carece de la prestancia del muy amado aguinaldo. Julio, mes y no persona, no es lo mismo.

Me refiero a que no deja ver el despliegue de luces y adornos multicolores por todos los rincones que brillan en diciembre con personalidad propia y exclusiva, porque, claro, recibir otra prestación más a nadie duele venga en el mes que sea. Es huraño el Bono 14, entra a la billetera y no canta ni un villancico.

Bueno, pues, arriba los corazones de todos, de todos los que recibieron su aguinaldo y de todos los que no lo recibimos. Piense, sin el menor hálito de envidia y desaliento, que a muchos de los primeros no les queda en el bolso ni un centavo del aguinaldo porque lo malgastaron y dilapidaron imprudentemente.

Ojalá no haya sido así. Unos y otros daremos fiel cumplimiento a nuestro desayuno dominical de hoy y no quiero ver caras tristes ni huevos desabridos. Diciembre es lo que es, con o sin aguinaldo, el recuerdo más sagrado del nacimiento de Cristo y el reclamo más urgente a cambiar de actitudes. Aprovéchelo.

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