CONTRASTESEl chompipe de la fiesta
No pasa por mi mente, y menos por mi pluma, escribir un poema en honor del pavo, ave que llenará múltiples espacios sobre la mesa del comedor en esta noche de singulares connotaciones. Sin duda alguna, él es la víctima más propicia cuyo sacrificio multitudinario lo convierte en el más apreciado chompipe de la fiesta.
No. Escribo para usted, caro lector, y para mí, por cuanto pudiera ser que, sin quererlo o queriéndolo, nos dejemos arrastrar por esa corriente anodina que traza duros aguafuertes sobre el lienzo de las celebraciones navideñas. No diga buenos días, o buenas noches, a la tristeza. Abramos paso a la felicidad.
Una desbordada felicidad al recordar y revivir el misterio del Belén geográfico e histórico que inició una nueva era, y que en trazos reducidos brilla en un rincón de nuestros hogares. Aunque sea a la sombra del abultado y brillante pinabete. Cantemos un villancico al niño, mientras la madre tiende los pañales en el romero.
Otra, por estar reunidos en familia, con los seres queridos alrededor, en una noche singular de reafirmación de los lazos de amor que se consolidarán con el traqueteo de vasos y copas. Y vea cómo se las apaña para evitar que los pequeños no sucumban ante el imperativo del sueño. Los juguetes están a un paso.
Y si faltara alguien, mándele un beso. Yo se lo enviaré a mi hermano con quien pasé la Navidad del año anterior sin pensar que sería la última. Jamás nos perdonarían los ausentes que su ausencia sea motivo egoísta de tristeza. Ellos viven más allá, y saben -esperemos que así sea- que su lugar vacío está lleno de amor.
Pase una feliz Nochebuena. Decía en televisión Rafael -ya saben, ?Rafael de España?, el gran intérprete de ?El tamborilero?- ?Háganme el favor de ser felices?. Yo ruego, o lo hago más fácil: ?Háganse a ustedes mismos el favor de ser felices?. Porque pueden ser tan felices cuanto ustedes se lo propongan y afinen.
Si me dicen que no, que están hartos del cosumismo, de tantas prisas y nerviosismo, que no están dispuestos a ceder a la presión arterial y emocional que equipara la felicidad de estos días a la mayor cantidad de comida ingerida y de copas libadas, pues quizás tenga razón. No se harte, entonces, coma y beba menos.
El caso es llegar a ser prudentemente feliz. No amargue, ni se amargue, la Navidad. Ya tiene un pavo, no sea usted el chompipe de la fiesta. Y recordemos, hoy y siempre, que no es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita. Reciban todos mi cordial deseo de que anide en su corazón la felicidad navideña.