CONTRASTESFeliz Navidad
No llegare a sus hogares en los días más cercanos a la Navidad porque el 25 todos descansamos.
Así que me adelanto para enviar a mis carísimos lectores mis mejores deseos de que el Niño Dios les traiga paz, amor, y un cúmulo de bendiciones. Y gracias anticipadas por su generosidad al desear para mi persona lo mismo.
¿Ha contado con un minuto para desdoblar los pliegues que adornan estas festividades? Todos, de alguna manera, participamos de ellas. Con alegría y algarabía, con olor a pinabetes y villancicos en la tornamesa; a empujones, también, y a regañadientes ante la insistencia de los que intentan gozarlas a como dé lugar.
Para todos hay un lugar específico. Para los niños que tratan de mantener sus ojos abiertos hasta que den las doce de esa noche que será tanto más buena cuantos más regalos traiga. Y para los niños que los cierran muy temprano con la desesperanza de tantas otras y la desilusión de que para ellos no será tan buena.
Para las madres reinas del hogar que a las doce y media de la noche del 24 pondrán, rebosantes de orgullo, sobre la mesa del comedor su más bella obra arquitectónica plasmada en un dorado pavo rebosante de delicioso relleno. Y para las madres maltratadas cuya noche, que iba a ser buena, será más bien un calvario.
Para el exitoso hombre de negocios acostumbrado a medir la bondad de esa noche con la tabla del flujo de efectivo que ha llegado a su billetera. Y para el mediocre que maquina cómo agenciarse unas monedas ajenas para celebrar la noche, que todos dicen que es buena, aunque sea con un octavo del más barato guaro.
Para el profesional de la medicina que tendrá que salir corriendo, a medio cenar, hacia el quirófano y que ha prometido regresar pronto a probar los turrones y escanciar una copa de cava. Para el enfermo que piensa regresar de su estado de inconsciencia y celebrar mañana la noche anterior que para él no fue tan buena.
Ya me cansé de ir desdoblando posibles pliegues. Viva usted su momento y añada con su particular experiencia cuantos quiera. Para todos los gustos hay espacio. También, y muy loable, para los que no olvidan asistir a la misa de gallo y hacer suya la leyenda del ángel: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad.
Hoy, a pesar de ser domingo, no les traigo al desayuno dominical los huevos acostumbrados. Dejemos paso al navideño tamal, especial también él, y esperemos que, sin complejos de su parte, coadyuve, como lo harían aquellos, en el imprescindible propósito de afianzar durante todo el año la buena voluntad.
Sea feliz.