CONTRASTESHuevos a la venezolana
Desde el pasado jueves encontré tema para mi columna de hoy. Fulgurante y dinámico apareció su título: ?huevos a la venezolana?. Tuve, sin embargo, que apaciguar el cosquilleo producido por los mismos y los guardé en la refrigeradora de la memoria hasta hoy domingo por si podía encontrarles acomodo en el desayuno dominical.
Lo de mezclarlos es una ingrata ilusión. Ni creo que aquellos lo permitieran porque bien sabe usted, caro lector, que hasta en ese producto se da el racismo y la confrontación. Si no por culpa intrínseca e imputable a ellos, al menos a la señora gallina de la que vienen. Hay huevos grandes, medianos, pequeños y más pequeños.
Los argentinos, mejor dicho sus gallinas, se inventaron unos huevos bautizados, libres del pecado original del colesterol, que no sé a dónde habrán ido a parar porque no los veo en el supermercado.
Quizás Manolo podría decirnos si los suyos -perdón, los utilizados en sus restaurantes, muchos y muy buenos- son de aquellos.
Pero, antes de que me conteste que lo del colesterol a él ?ni fu ni fa?, me quedo con los huevos venezolanos, exhibidos por las calles de Caracas el jueves 10 al aire libre, sin tapujos.
No quiero con ello desconocer que los argentinos gozan igualmente de los propios. Unos y otros gritan y salen a la calle por culpa de los políticos.
Seré más conciso: les tiene en vilo el hueveo de los mandamases. Y habiendo llamado a las cosas por su nombre quiero excusarme de no insistir hoy en el plato esencial de nuestros desayunos dominicales.
Dejo libre a su paladar. Ni chicharrones con yuca insinuaría para no memorizar otra especie de hueveo más cercano.
No podemos negar que don Hugo Chávez es tan simpático como don Alfonso Portillo.
Tan dicharacheros y locuaces son el uno como el otro, aunque el primero no goce del tono de voz inconfundible en el segundo. Necios son el uno y el otro, que no hay poder que los baje de la mula en la que están subidos, sendas presidencias.
A don Hugo le han dicho que es un fenómeno. Don Alfonso no le queda a la zaga. Tan fenómeno son ambos que han logrado unir a sus respectivos países en contra de cada uno de ellos. Don Hugo piensa no renunciar. Don Alfonso no llega a tanto, no piensa y, si piensa, sueña con eurobonos que financien la campaña partidista.
O sea que, más o menos, estamos hermanados con los venezolanos, y argentinos, frente a un similar paranoico y aberrante status.
¿Esto es democracia, en la que el poder reside en el pueblo? Residía cuando votó. Hoy es un residuo atrapado en el colador, por donde se cuela tanto inepto empeñado en tirarlo a la basura. Allá ellos.