CONTRASTESLa Cumbre de la Tierra
Las cumbres del planeta tierra están diseminadas por doquier. Puede decírnoslo el montañista campeón Jaime Viñals para quien no hay cerro que se le empine, y quien por ahí debe andar ascendiendo alguna otra que no debe estar por Sudáfrica, o vaya usted a saber. Que nos lo cuente él a su regreso. Estaremos pendientes.
La cumbre que nos preocupa es la que tiene lugar en la ciudad, capital de Sudáfrica, Johannesburgo, y es de resaltar que la tierra haya citado, y congregado, a tanto terrícola dispuestos, todos ellos, a diagnosticar el mal estado de salud que aqueja al planeta, endilgable únicamente a quienes en ella moramos y pernoctamos.
Desde 1992, cuando tiene lugar la primera Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, vienen celebrándose estas asambleas.
Allí fueron más explícitos y conscientes los asambleístas porque, de entrada, guardaron dos minutos de silencio en respeto al planeta moribundo. En ésta pudieron ser cinco, o más. Persiste su gravedad.
Y sin embargo, conociendo la enfermedad terminal y teniendo a la mano los remedios y vacunas que salvarían la sobrevivencia del planeta, no se ve, aparte las cumbres y el bla, bla,bla, una acción inmediata y positiva.
Los terrícolas hablan, mientras que el planeta Tierra, en su silencio natural, deja ver sus profundas llagas. Y su dolor.
Claro que hay otros habitantes del planeta que ni hablar de ello quieren. Actitud que sería inteligible, y encomiable, si nada tuvieran que decir al respecto por ignorancia, o bien porque, al ser extraterrestres, ninguna participación tienen en la complicación de los males que le aquejan. Y no es así precisamente. Todo lo contrario.
Los Estados Unidos de Norteamérica ocupan una de las extensiones más grandes de tierra, y su censo de población es correlativamente así de grande, sin tomar en cuenta las ríadas de mojados que día a día engrandecen el cupo. Es, incluso, y no forzosamente por grande y extenso, el país más industrializado del mundo.
Y, por ende, el que más contamina la atmósfera, y de cuyas enormes chimeneas salen al aire, cuando sopla, enormes cantidades de fétidos gases contaminantes.
No ha llegado a Johannesburgo, empero, representante oficial que acepte la culpabilidad norteamericana, y que debería ocupar el primer taburete de los acusados.
No sé cómo se dirá en inglés clima, y mucho menos en algún dialecto sudafricano.
Una palabra tan simple y bonita como ésta, más para nosotros que gozamos del clima proporcionado por la eterna primavera empieza a teñirse de rojo. Lo sabe hoy el planeta tierra.
Si él hablara español, gritaría: ?¡joder!, que me están aclimatando?.