CONTRASTESLa limpia
Fue altamente bello encontrar en la primera página de Prensa Libre del miércoles 20 la fotografía de nuestro presidente en actitud seria, recatada y concentrada. Debo resaltarlo, y agradecérselo, porque no nos tiene acostumbrados a ello desde aquel solemnísimo día en el que le fue impuesta la banda presidencialísima.
Si la ceremonia aquella duró una barbaridad de minutos y hubo bandas generosas que incluso descansaron sobre el abdomen de los dos mandatarios electos, aunque no hayan logrado ponerlos en cintura, para ésta fueron suficientes siete minutos. Compareció vistiendo camisa de manga corta y los infaltables jeans.
Aunque la foto quiera ser de cuerpo entero, no aparece en ella el detalle de su calzado. Fácil es suponer que calzaba botas, las que suele usar cuando se desplaza a pueblos y aldeas, y las que le dan esa pedestre apariencia de tener bien puestos los pies sobre la tierra, presunción abierta a demostrar todo lo contrario.
Son pequeños detalles, los antes examinados, que podrían sugerir el trasvase de mi pluma al campo de las actividades sociales recogidas en la prensa chismosa. No voy en ese rumbo. Se lo prometo a mis carísimos lectores, aunque la abstracción y recogimiento de la imagen presidencial hayan robado mi corazón.
La esencia motivacional del acto fotografiado reside en la ?limpia? que el sacerdote garífuna don Baltasar Hilin realizó sobre la persona de nuestro presidente aprovechando su visita a Livingston donde se celebra el 200 aniversario de haber llegado a las costas del país la noble, bullanguera y colorida, gente garinagu.
Un poco tarde, o sea después de tres larguísimos años de mandato, tuvo tan brillante idea la comunidad garífuna de pedir a sus antepasados que den sabiduría e inteligencia al presidente. ¿Qué pasó? Si desde un principio hubieran elevado al más allá su petición, quizás habrían sido otros los momentos vividos y llorados.
Pero si han querido unirse al clamor de mayas y no mayas, incluso al de los ateos que por un momento -éste- deben reflexionar y pedir urgentemente a quien sea los dones antes citados, bienvenido sea su clamor. El incienso de unos, el agua bendita de otros, y la oración de todos pueden hacernos el milagro. Aleluya.
No he leído en el relato del acto litúrgico comentado que fuera incluido para nada el coco. Lo extrañé.
Menos me atrevería yo a añadirlo -¿cómo?- en el plato de los huevos del desayuno dominical. Pudieron pensar ellos que suficiente era el ?coco wash? presidencial. Y lo que el Gobierno limpió ¿quién nos lo devolverá?
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