CONTRASTESLey ¿Antiperros?
En la misma fecha, y a la misma hora dependiendo del momento en que usted haya leído Prensa Libre del viernes, saltaba el tema de los perros a las páginas de la actualidad. Parece ser que están perdiendo su virtud de ser el mejor amigo del hombre arrebatada, lamentable y tristemente, ante la desidia de la mujer.
Así es la vida de triste. En nadie ni en nada se puede confiar. Y a pesar de la aglomeración urbana que nos viene agobiando, no sería imprudente ir conjugando otras posibilidades alternas a la deficiente carencia de cariño en la que el hombre acabará sucumbiendo a pesar del lamento poético que se dolía del hombre solo.
Bueno, olvidaré patéticos llantos para concentrarme en la realidad perruna, pero por orden. Hay una solicitud angustiada, de familiares de menores víctimas del ataque de ciertos perros, ante el edificio de la Corte Suprema de Justicia exigiendo, precisamente eso, justicia por la muerte de sus hijos menores. Deben ser oídos.
Por otro lado, un lector, criador por cierto de perros, y quizá adiestrador, adelanta que en la Procuraduría de Derechos Humanos hay una propuesta de ley que él califica de ?antiperros?. No hallo correcta la calificación, pero felicito a la Procuraduría si ella ha tomado, un poco tarde, la iniciativa de poner manos al asunto.
Hay de por medio unos derechos humanos vilmente conculcados por los dueños de esos perros, todos los que están adiestrados para atacar, al permitir, o descuidar, que salgan de los linderos de su propiedad y que hagan fechorías fuera de ella. Sería, en todo caso, una ley antidueños irresponsables de perros peligrosos.
Puede, asimismo, contemplar el proyecto el grado e intensidad del adiestramiento, sin menoscabar los ingresos legítimos del adiestrador, por supuesto, que deberían acomodarse a las necesidades y destino que dará el dueño al chucho. Y otra serie de datos que, por ser lego en la materia, no me atrevo a seguir detallando.
Tiene ante sí el Procurador una indiscutible e impostergable tarea. Mande a sus asesores y lugartenientes a recibir asesoría sobre el comportamiento de ese montón de razas caninas señaladas por el dedo acusador, y éntrele a la ley. De los peluches y caras bonitas no hay que preocuparse, salvo de sus indiscretas meaditas.
Y ¿por qué no?, vean si cabe alguna pena para el dueño que saca al chucho a pasear y lo detiene para que haga sus necesidades mayores frente a la casa del vecino. Precisamente ahí. A ciertos dueños habría que imponerles llevar una vida de perros, y privarles del desayuno dominical. Y de los huevos, si llegado fuera el caso.