CONTRASTESLluvia de millones
Visto lo visto, tendremos que reconocer que no vale un pepino vivir en estos países tercermundistas. No me refiero a la violencia, que la hay en cualquier rincón incluidos los espacios más sobresalientes en el campo social e industrial; ni a los puentes y carreteras en estado calamitosos; ni a los ex PAC que son prerrogativa única.
Hace unos días que, al fumar, empiezo a sentirme molesto y taciturno. A veces recurro al levantamiento del ánimo a través del aroma y sabor de una tacita de café, y lo malo, aunque el café sea bueno, es que me incita a encender otro cigarro, y así no logro salir de la taciturnez que por culpa del tabaco vengo sufriendo.
Quizá debo ser un poco más explícito y no confundir, en términos generales y absolutos, el pepino con la transitoriedad de vivir en un país marcado por las ganas de salir del estancamiento e imposibilitado a ello por tantas fuerzas ocultas, o a la vista. Lo que me tiene así es la sentencia dictada a favor de doña Betty Bullock.
No trate de rebuscar en los anales de la jurisprudencia guatemalteca. Jamás llegaría un juzgado penal patrio a pronunciarse en términos económicos de esa envergadura. A lo sumo podrán llegar a fijar, en concepto de responsabilidades civiles por un homicidio, una cantidad irrisoria, y sin entrar a considerar el daño moral.
Doña Betty es una simple fumadora desde sus dieciséis primaveras, ahora debe caminar entre las hojas otoñales de los sesentas, y ha contraído cáncer pulmonar. Y, por ende, ha recurrido a quejarse ante alguna de las tremendas cortes norteamericanas provistas de un juez, bien vestido, y de un jurado complejo y unánime.
Pues bien, la sentencia, que debe ser en primer grado aunque en grado de ebullición, ha condenado a la tabacalera gringa al pago a doña Betty de, y vean si les cabe en la calculadora para pasarlos a moneda nacional, 28.000 millones de dólares. ¿Tenía yo razón al escribir que no vale un pepino, ahora sí, ser fumador acá?
Te distraes fumando en Guatemala, iba a decir que las mismas hierbas de allá pero lo borro para evitar suspicacias, idénticas hebras de las solanáceas originalmente árabes, eres constante y asiduo, permites que embadurnen con leyendas nocivas para la vista las cajetillas, y no hay modo de que te saques la lotería.
Porque no hay duda de que doña Betty se llevó el gordo. Yo insistiría en que debe instaurarse en la administración de la justicia guatemalteca la oralidad decidida y consecuente, que ponga énfasis en el jurado popular, gente del pueblo que valore nuestros sacrificios y decidida a castigar sin piedad, sin miramientos, y sin limitaciones.