CONTRASTESOtro más allá
Fue duro hallar título a la presente columna. En latín habría sido más fácil y corta: ?post mortem?. No la encontré risueña y, por lo mismo, me decidí por la arriba escrita. Advierto, sin embargo, al carísimo lector que encontrará en ella una maravillosa alternativa para su pavor de esperar encajonado la venida del juicio final.
La noticia oída en el canal internacional de Televisión Española, que iluminará notablemente su postrer adiós, llegó a mitigar los sinsabores de otras dos más cercanas y directas. Como ni el orden de factores altera el producto, ni el horario exacto incide en la esencia de los relatos, empezaré por una cualquiera de ambas.
Me comentaba un amigo que los vinos Vega Sicilia frecuentan el comedor de nuestro señor Presidente. Dichoso él, comenté, porque una botella de ese vino anda en el supermercado por los ochocientos quetzales. Me alegra que su paladar, al menos, haya mejorado. No olvide, empero, que mortal es y que todo tiene un final.
La segunda noticia cambia de rumbo, y me deja ver que de los Q.3,208.34, que acabo de pagar por el uso en casa de energía eléctrica en el pasado mes, la Empresa Eléctrica percibe unos trescientos treinta y ocho quetzales, mientras que la generadora recibe Q.2,291.79 -el 71.43%-, y el gobierno se lleva un 18% con el Iva.
Yo creo que los generadores de energía eléctrica deberían explicar a sus grandes amigos, los enfurecidos consumidores, la razón -o la sin razón- de esa tajada. Uno, bien lo saben, por andar en los vericuetos del Derecho, o por otros, no está muy familiarizado con sus cuentas. Pero, éstas pueden matarnos del susto.
Pensando un poco más allá de la vida, y de la muerte que con nosotros juega a la gallina ciega, viene ahora la luminosa buena nueva. Tome un buen sorbo de café -los huevos pasaron a mejor vida-, pero de ese café de calidad a la que tan poco acostumbrados nos tienen, y respire profundo. Usted y yo somos un diamante.
Una compañía gringa -ahora sí debemos adorarlos- ha encontrado la manera de transformar el polvo de los restos humanos incinerados, por la aplicación de calor, en un auténtico diamante. Me gusta mucho más que imaginar a la viuda o a los huérfanos quitando el polvo a la cajita que contiene la ceniza de lo poco que fuimos.
Se lo cuento por mi deber de informar, lo malo y lo bueno, no para animar a doña Evelyn a pensar a futuro y ver en don Alfonso, si sigue bebiendo mucho, un diamante extra. Tampoco para unirnos e incinerar a los generadores y recompensarnos de lo que cobran. Y ¡ojo!, cuando vaya a comprar diamantes no vea sólo difuntos.