ContrastesPaz a todos
Seis añitos hará pronto que S.A.R. Don Felipe de Borbón visitó Guatemala. Acomedido será comentar con los clásicos, mientras se pueda, cómo pasa el tiempo. Tuve entonces la grata oportunidad de desayunar con Su Alteza, y tan buen sabor de boca me dejó que hoy intento repetir. Lento e ingrato sería.
Pero como usted, avisado lector, me reclamará que vaya apagando tanto farol que me echo encima, pues aclararé que el desayuno transcurrió desde mi columna periodística y que la misma pauta seguirá el de hoy, y a la distancia porque no lo tenemos entre nosotros. Pero lo tenemos en el corazón, hoy más que nunca.
Lo cual no quiere decir que trate de adentrarme por los infinitesimales recovecos de la prensa del corazón. (Por cierto, ¿se han dado cuenta, caras lectoras, de que no existe una prensa autóctona del corazón guatemalteco? Todos los latidos llegan de España, México o Estados Unidos. No me dirán que aquí no laten, y dan la lata).
No, prefiero recordar a tan distinguida persona recurriendo al más castizo estilo español, al toro por los cuernos, y anunciar directamente a la prensa que, de mutuo acuerdo, quedaban rotas las relaciones sentimentales con la modelo noruega señorita, si me lo permite, Eva Sannum. Al rato, una capa de nieve cubría toda España.
Cito la coincidencia del temporal porque adivino que la mitad de los españoles, y la otra también, respiró más profundo. Así se les veía por televisión. No creo que mis compatriotas tengan animadversión alguna contra las modelos de las pasarelas con lo bien que les va a muchos de ellos en el negocio de la alta costura.
Si algún reclamo se pudiera presentar en su contra, que no lo creo posible, sería contra ese modo tan sofisticado de caminar que hace temer que se les enreden las piernas y los pies y caigan al suelo. Por lo demás, escotes más de más que de menos, todo lo que enseñan, y lo que uno adivina, es bastante aceptable.
Ahora bien, el sólo pensar que de una pasarela, por muy Cibeles que sea, pasaría algún día a los aposentos del palacio real de Madrid había hecho un nudo en las gargantas españolas. Más al contrastarla con la figura señorial, dignísima, majestuosa y afable, de la Reina madre. Y la figura materna jala demasiado.
De todos modos, la ruptura de relaciones por tres años debe tener partido el corazón del Príncipe de Asturias. Aceptemos ?las diferencias culturales, sociales y religiosas?. Muchas. De mi parte deseo que el calor navideño restañe heridas. No sólo las del Príncipe, también las de todos mis carísimos lectores. ¿Desayunaron hoy?.