CONTRASTESRepresentatívenos
Corriendo el albur de que alguien me tache de usar barbarismos lingüísticos he escogido ese difícil título para mi columna de hoy. No he encontrado en el diccionario la palabra ?representatividad?, pero entiendo que debe equivaler a una cierta cualidad o habilidad, o facilidad, para representar. María del Rosario lo puede aclarar.
Y lo hice motivado por una lapidaria frase, articulada por las cuerdas de la laringe de un señor diputado al Parlacen, que me dejó boquiabierto, hasta alelado porque uno que lleva tantos años en la difícil ocupación de escribir no recibe, así de sencillo, la inspiración de una graciosa musa para parir bellas y elegantes frases.
Ya sabe usted, caro lector, que el Parlamento Centroamericano ha estado ocupado en días no muy lejanos en una de sus más risueñas y anheladas ocupaciones, la elección de su nueva junta directiva.
Probablemente hoy mismo sabremos quiénes fueron electos. Y es natural que afloren bellos, inodoros e insaboros, conceptos.
En el ajetreo de las diversas componendas ante la elección de la nueva junta directiva una cosa ha quedado definida: rechazo total a la reducción de los salarios parlamentarios. Postura que a nadie puede asustar habida cuenta del encarecimiento de la vida y de la constante dedicación de los parlamentarios a su noble tarea.
Pues bien, ha dicho don Aníbal Méndez, del Frente Revolucionario Guatemalteco, FRG, que ?es necesario un salario, porque a usted le da representatividad?. Me atrevo a suponer que ese ?usted? no va dirigido ni a usted lector ni a mí, que no somos asalariados y por ello carecemos de representatividad, sino a él mismo, que lo es.
Ahora bien, por si estuviera equivocado, si su reflexión va dirigida a cualquiera de ustedes, nosotros, desprovistos de sueldo y de representatividad, ¿querrá decir que para hacernos un tanto más representativos en el Parlacen piensa -es una broma- incluirnos en la planilla de los asalariados?
Ya es hora de que piense bien. Me temo que no van por ahí sus pensamientos. La representatividad por él auspiciada queda recluida en un goloso ensimismamiento. Ande yo -él- caliente, o mi bolsa, y ríase la gente, estará pensando en este momento, olvidando que el salario es una justa retribución a un trabajo efectuado, y que no hay pago para quien no trabaja.
De todos modos, si tomáramos el quinto concepto que el diccionario da al verbo representar -del que debe originarse la representatividad- como ?recitar o ejecutar en público una obra dramática?, ahí sí coincidimos. Justo es pagar un salario a estos buenos actores sobre las tablas del Parlacen. Y que siga la función.