CONTRASTESSe va el año
Tampoco estare con ustedes en las vísperas del año nuevo, así que adelantémonos al 31 y celebremos, como él se merece, la llegada del 2003.
Un año promisorio, tanto tiempo esperado y que parecía tan lejano. No es que me deleite el paso del tiempo, precisamente a las alturas de mi edad que va para abajo.
Este que viene tiene algo especial, un no sé qué que lo vuelve más atractivo y esperanzador cuando la desilusión y el desánimo vienen campeando día tras día. Aunque usted se haya impuesto mantenerse en un alto grado de buena voluntad, y aunque se haya vuelto pasota, a quien nada le importa, visto lo malo, visto.
Bien dicen que no hay mal que dure cien años, a pesar de que las crónicas mundiales hablan de una guerra -guerrota más bien- de los cien años que a saber cuántas vidas jóvenes se llevó por delante sin permitirles alcanzar los treinta, mucho menos los cien años. Menos mal que las actuales guerras duran mucho menos.
Y quiera el Profeta Mahoma que, si el señor Bush decide ir a la guerra en contra de sus fieles mahometanos, no sea tan pródiga como aquella.
Bastante daño nos están ocasionando con la guerra de guerrillas declarada en los precios del petróleo. Pronto hablarán de ella las crónicas mundiales, y superará a todas.
Olvido ya el asunto de los conflictos bélicos que salieron a colación por aquello de que no hay mal que dure cien años, y vengo a reconfortar el ánimo decaído del lector ante la inminencia del año que vamos a estrenar.
Hoy sí, nos damos un respiro de tanto tamal y pavo y regresamos a nuestro clásico desayuno dominical.
Si ya ha superado la alevosía de cualquier inocentada que la familia o un amigo le hayan proporcionado, mejor que mejor, porque lo que debe traernos el nuevo año no es una inocentada.
Es algo real y, sobre todo, eminentemente positivo aunque ya no crea en nada ni en nadie. Usted puede ser el hacedor responsable. La receta para llegar a alcanzar en el próximo año el oasis tan anhelado en medio de este desierto que venimos cruzando, atravesados por una caravana de camellos y sus correspondientes beduinos, es sencilla.
No tanto si nos faltan los del desayuno, aunque espero que estos fortalezcan a los otros personales y exclusivos. Y a qué viene tanto énfasis en las bondades del año nuevo, me preguntará usted. Pues muy sencillo, tío. Habrá elecciones generales y podremos sacudirnos de encima al gobierno tristemente elegido hace tres. ¿No es motivo suficiente de regocijo? Tres y cuatro que parecieron cien. Lo dicho, no hay mal que dure tanto.