EDITORIALUn siglo del vuelo humano
El 17 de diciembre se cumplieron cien años de uno de los acontecimientos más importantes de la historia de la humanidad: en una lejana playa estadounidense, los hermanos Orville y Wilbur Wright lograron finalmente levantar vuelo por pocos metros en un aparato más pesado que el aire. Había nacido el avión, primer paso en un avance vertiginoso en la capacidad humana de trasladarse en tiempo corto de un lugar a otro del planeta que ocupamos.
Los exitosos mecánicos Wright jamás pensaron en cómo avanzaría su invento en tan poco tiempo. Unos pocos años después, un avión cruzaba el canal de la Mancha y unía así a dos países europeos.
Pero ese invento, pensado con la mejor de las intenciones y como un instrumento de diversión y de desarrollo, pronto fue utilizado con fines distintos: aumentar la capacidad de destrucción del ser humano. Por eso, a sólo once años después, la Primera Guerra Mundial significó el estreno de una nueva arma, llamada a ser aterradora.
Es la ironía de siempre. Así como Nobel inventó la dinamita para facilitar la construcción de obras de paz, esta fue utilizada para destrucción, y los aviones resultaron medios muy efectivos. El desarrollo más grande de la aviación ocurrió entre la dos guerras mundiales del siglo pasado y un enorme bombardero inauguró la era atómica. Pero no por ello el avión es un instrumento de muerte.
También ha sido instrumento de desarrollo. El turismo, el comercio, en general, la vida humana actual, no se puede pensar siquiera sin la existencia del transporte aéreo, que permite a cualquier ser humano transportarse en pocas horas de un continente a otro. Pero además, el helicóptero, primo hermano del avión, es instrumento similar que ayuda a hacer realidad muchos de los avances humanos en este momento.
La existencia misma del avión está ligada al concepto de velocidad, de avance. El primer paso de los hermanos Wright es, en realidad y literalmente, la apertura de un universo. Por muchos milenios, el hombre dependió de la fuerza de los animales para transportarse por tierra, y del viento o de la máquina de vapor para cruzar los océanos.
En menos de cinco décadas después de 1903, ya los motores jet surcaban el cielo y estaban en proceso de construcción los cohetes que permitieron al hombre, hace ya 35 años, poner los pies en la Luna y ahora, tener aparatos humanos espiando la Vía Láctea.
No se debe dejar de mencionar que el avión también ha estado presente en Guatemala. Ya en los años veinte estaba en servicio un aeropuerto en la entonces lejana finca La Aurora. El avión ha permitido la comunicación con lugares como Petén, y en la historia de la aviación guatemalteca se encuentran algunos nombres por desgracia poco conocidos.
Son pocos los guatemaltecos que han podido atestiguar ese avance vertiginoso. Estas líneas tienen como finalidad presentar un homenaje a la totalidad de los pioneros de la aviación en todo el mundo, soñadores que sin duda alguna jamás imaginaron todo lo que acontecería como consecuencia de lo que, en esos tiempos, era considerado utópico.