CATALEJO
El español, puente de lenguas indígenas
CUANDO SE ASISTE A UNA actividad como el VII Congreso Internacional de la Lengua Española, realizado en Puerto Rico, es imposible no pensar en la relación existente entre el español y las lenguas vernáculas, un hecho iniciado muy tempranamente. Para ser exactos, dos semanas después del arribo de Cristóbal Colón, el 26 de octubre de 1492, cuando el navegante al servicio de la reina Isabel de Castilla utilizó por primera vez la palabra “canoa”, convertida por esa causa en el primer americanismo. La razón fue sencilla: no existía la palabra por no haber en Europa. Posteriormente el español adoptó y se enriqueció con una larga serie de vocablos de este continente, entre ellas cacique, carey, enagua, guacamaya y loro, entre muchas otras.
PARA VARIOS ESTUDIOSOS actuales, se evidencia el beneficio para el español de la incorporación de palabras propias de los idiomas de las numerosas y sólidas culturas. Fue y sigue siendo parte de la evolución de la lengua española, y es la base de las diversidades dialectales de la actualidad. Se ha calificado además al español como una lengua de América, porque en las actualidad el 90% de sus hablantes radican en las tierras donde termina el Atlántico. La población indígena ha aumentado en Guatemala, México, Bolivia y Perú, y según Unesco, hay 642 pueblos y 860 idiomas con variables dialectales, muchas veces habladas en el área rural. Hablar español entonces se convierte en una manera de inclusión a un mundo cada vez más interconectado.
EL TEMA DE LAS LENGUAS PROPIAS de cada país puede convertirse, si se analiza desde las perspectivas adecuadas, en una fuente de discusiones muchas veces bizantinas. La principal interrogante se centra en cómo hacer para la conservación de esas lenguas o dialectos, al haber conciencia de la pérdida cultural insustituible significada por su desaparición. En las circunstancias del mundo actual, de interconexión instantánea, es imprescindible tomar conciencia de cómo afectan la vida de las lenguas factores como el deficiente o ausente conocimiento del español, por el simple hecho de su creciente importancia como lengua de estudio en el mundo occidental, y porque está llamado, por decirlo así, a pagar una deuda con las lenguas vernáculas.
ESTA DEUDA SE DEBE AL enriquecimiento cultural emanado de la adquisición de las palabras propias de las culturas americanas. La globalización, independientemente de si la consideramos un beneficio o no, lleva consigo la mencionada comunicación instantánea y ello necesita de un idioma internacional. Ciertamente, existe el inglés y su importancia no puede negarse, pero al español se le debe dar el papel de puente de comunicación. El mundo externo no se tomará la molestia de hablar lenguas propias de un país o una región, aunque sean oficiales, como es el caso del guaraní en Paraguay, donde existe un bilingüismo mayoritario imposible de lograr en otros países con elevado porcentaje indígena, como México o Guatemala.
ESTE ASUNTO TIENE MUCHAS facetas distintas, obviamente. Pero a mi juicio, los guatemaltecos con la fortuna de hablar una lengua maya tienen el derecho de afianzar su conocimiento del idioma oficial del país, a fin de poder salir al mundo, por decirlo así. Las razones son culturales, económicas, sociales. Si no se afianza el orgullo de tener una lengua propia, esta desaparecerá indefectiblemente. La riqueza lingüística es valiosa porque cada lengua trae aparejada una manera de ver el mundo, pero el monolingüismo detiene las oportunidades sociales y personales. La crucial importancia de comprender esto trasciende las limitaciones impuestas por cualquier tipo de criterios trasnochados o causantes de efectos contraproducentes.