Ideas

El problema no es el plástico

Jorge Jacobs Fb/jjliber

Se está popularizando en Guatemala la errada creencia de que el plástico es el peor enemigo del medioambiente y que, por tanto, si se quiere ser “responsable”, se debe combatirlo. Esa falsa creencia ha llevado a algunos alcaldes incluso a establecer absurdas prohibiciones inconstitucionales que no hacen más que desviar la atención del verdadero problema.

Como lamentablemente suele suceder en nuestro país —aunque no tenemos la exclusividad—, a muy pocos les preocupa profundizar en el análisis de los problemas, se quedan en la superficie y, como consecuencia lógica, a lo único que le atinan es a “combatir” las consecuencias más superficiales —y generalmente más intrascendentes— de los problemas, sin profundizar en las causas que los originan y mucho menos buscar soluciones que resuelvan esas causas.

El plástico es uno de los productos más malentendidos y, por tanto, vilipendiados. Muchos de los “enemigos” del plástico de seguro no saben que, de no ser por este, muchas especies ya no existirían, ya que los polímeros reemplazaron a muchas “materias primas de origen animal”, cuyo uso amenazó su sobrevivencia en el siglo XIX y principios del siglo XX. Tampoco han de saber que una buena parte del “estilo de vida” moderno que ha ayudado a sacar a millones de personas de la pobreza, mejorar considerablemente la salud y la expectativa de vida de la humanidad, así como muchos otros beneficios, se deben precisamente a ese material sintético tan versátil y barato.

Es precisamente por esa ubicuidad del plástico en casi todas las actividades humanas que también es uno de los productos que se encuentran más a menudo en la basura, la cual —cuando no es tratada adecuadamente— llega después a ríos, lagos y el mar. Es de aquí donde ha surgido la idea de algunos, preocupados genuinamente por el medioambiente, de limitar el uso del plástico para evitar esos desechos. Aquí es donde entra el absurdo de tratar de corregir las consecuencias y no las causas de los problemas. En este caso particular, el problema no es el plástico, sino el mal o nulo tratamiento de la basura. Peor aún, el desecho plástico no es la peor consecuencia medioambiental de los desechos que generamos los humanos en nuestra vida diaria, sino la gran cantidad de desechos orgánicos que van a parar a los ríos y lagos y que son los principales responsables de la muerte lenta de los ríos y lagos guatemaltecos.

Si realmente nos preocupa el efecto que los desechos de la “vida moderna” tienen sobre el medioambiente, hay que entender bien cuáles son las causas y cómo se pueden minimizar sus efectos. El énfasis principal debe recaer sobre el tratamiento de las aguas negras antes de que lleguen a los ríos. Mientras esto no se resuelva, los desechos plásticos serán apenas la guinda del pastel.

En cuanto a la basura —desechos sólidos—, el problema no es de qué está compuesta, sino que no se trata adecuadamente. Aquí el problema empieza desde el que tira la basura en la calle hasta las municipalidades que no se han preocupado de tratar adecuadamente la basura. Es un hecho de la vida moderna que generamos bastantes desperdicios, de hecho, mientras más se desarrolla una sociedad, más basura genera. Lo importante aquí es que, si se deja actuar al mercado y no se imponen restricciones absurdas, hasta la misma basura se puede convertir en un tesoro y no en una gran carga.

Como sé que hay que profundizar en estos temas para entenderlos, en un próximo artículo reflexionaré sobre el más útil pero a la vez más incomprendido de los productos plásticos: el empaque en general y las bolsas en particular.

Fb/jjliber