La fábula
Se difundieron más ofertas, puntos, premios. Radio Animal publicitaba falacias gubernamentales a cambio de buenas sumas de plátano.
Lavaban dinero y lavaban cocos. Mensajes oficiales amanecían pegados en los árboles anunciando los grandes beneficios del gobierno y de su Escuelita. Se hizo creer que la matanza de los pensantes era obra de micos pandilleros, del comunismo, de guajolotes narcotraficantes mexicanos. Aseguraban que la pobreza era obra de Dios para que los delincuentes marxistas se convirtieran a la prosperidad dictada por los tanques de cartón, así llamados unos cuervos deshonestos otrora sobrevaluados.
Se implementaron foros de discusión mediática en torno a la consistencia de la caca y otros temas no menos interesantes. Páginas fueron pagadas para difundir las buenas nuevas: “Se eliminará a quienes impidan el desarrollo de esta jungla”. “El pueblo podrá viajar en lianas sin morir en el intento, Dios mediante, de aquí a otros cuatro años”.
Ríos de pájaros migraron hacia selvas vecinas igualmente catastróficas; familias de leopardos, aves, jaguares, murciélagos buscaron refugio en los barrancos. Así vivía aquella selva, resignada. De hecho, ni siquiera le importaba el mensaje de los monos rebeldes que formaban cuadros políticos, porque estaba entretenida en otro asunto de mayor importancia: la selva sería Capital Iberoamericana de la Muerte en 2015.
Pero sucedió un milagro de la Naturaleza. No se sabe cómo ni a qué hora —el destino es caprichoso—, de las entrañas de Xibalbá o del Hades —poco importa— surgió una planta trepadora que se extendió por la selva. Los coyotes empezaron a matarse entre ellos. Los reptiles más gordos —amantes, por cierto, de la plana mayor del CONEHIE— se despertaron una mañana abrazados y al verse a la cara se desconocieron como los rottweiler ante sus amos. La planta asfixió a las hienas parlamentarias que reían moribundas.
La Hiena Acaudalada intentó huir en el Arca de Noé, pero fue copada por los monos y vestida con el color naranja de los reos. No se sabe cómo sucedió todo aquello, pero se asegura que no fue gracias a votación electoral alguna, ni por designio divino, fue nomás para que se cumpliera otro ciclo inscrito en los anales del tiempo, ese que no perdona ni olvida.
@juanlemus9