Pluma invitada

Coordinar para transformar: La ONU y Guatemala

Las Naciones Unidas constituyen uno de los principales socios del país en materia de desarrollo.

En un momento en que los desafíos del desarrollo son cada vez más complejos, Guatemala apuesta por fortalecer una cooperación internacional más eficiente y enfocada en resultados concretos. Ese es el objetivo central del Marco de Cooperación para el Desarrollo Sostenible 2026-2030, construido conjuntamente entre el Gobierno y el Sistema de las Naciones Unidas.


Aunque muchas veces su trabajo pasa desapercibido, las Naciones Unidas constituyen uno de los principales socios del país en materia de desarrollo. En Guatemala, las agencias, fondos y programas especializados de la ONU operan bajo principios de neutralidad, objetividad y respeto a las prioridades nacionales en áreas tan diversas como salud, educación, empleo, agricultura, derechos humanos, gobernanza, igualdad de género, migración, trabajo decente, medioambiente y protección social. Con una inversión anual cercana a los USD200 millones, el sistema contribuye al fortalecimiento institucional, la asistencia técnica, la generación de políticas públicas, el apoyo directo a poblaciones vulnerables y la construcción de espacios de diálogo entre gobierno, sector privado, academia y sociedad civil.


Más allá de los recursos financieros, el principal valor agregado de Naciones Unidas radica en su capacidad para articular actores y promover soluciones integrales frente a retos que ninguna institución puede resolver por sí sola.


El nuevo Marco de Cooperación busca dejar atrás una lógica centrada únicamente en proyectos para avanzar hacia una gestión basada en resultados validados y medibles, año por año. Con ese propósito, en coordinación con la Secretaría de Planificación y Programación de la Presidencia (Segeplán) y el Ministerio de Relaciones Exteriores (Minex), durante las últimas semanas se desarrolló una primera ronda de reuniones de los Grupos de Coordinación de Resultados. El ejercicio reunió a 228 participantes, incluyendo 150 representantes de 44 instituciones del Estado y 78 representantes de 18 entidades de Naciones Unidas.

El nuevo Marco de Cooperación busca dejar atrás una lógica centrada únicamente en proyectos para avanzar hacia una gestión basada en resultados validados y medibles, año por año.


Los encuentros permitieron identificar obstáculos que limitan avances, revisar indicadores y definir oportunidades de acción conjunta para acelerar resultados. El enfoque privilegia la coordinación, el uso de evidencia y la rendición de cuentas para mejorar la eficacia de las intervenciones.


Las discusiones se concentraron en cuatro prioridades estratégicas: gobernabilidad democrática y Estado de derecho; desarrollo humano, reducción de la pobreza y prosperidad; sostenibilidad y resiliencia; y movilidad humana y migración. Aunque son áreas distintas, todas requieren una mayor articulación entre instituciones públicas, gobiernos locales, cooperación internacional, sector privado y organizaciones sociales.
Este enfoque cobra especial relevancia cuando entramos en la recta final hacia el cumplimiento de la Agenda 2030 y de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Frente a recursos limitados y desafíos crecientes, la eficiencia depende cada vez más de la capacidad para coordinar esfuerzos y generar impactos colectivos.


En ese contexto, Naciones Unidas promueve una forma distinta de trabajar: menos enfocada en las acciones individuales de cada agencia y más orientada a resultados definidos y compartidos. La meta es fortalecer capacidades nacionales, acelerar avances y garantizar que cada inversión produzca beneficios visibles para la población.


Así, estamos convirtiendo la coordinación en cambios concretos y medibles alineados con las prioridades nacionales que contribuyan a la construcción de un país más inclusivo, resiliente y próspero, para que el desarrollo llegue a todas las personas, sin dejar a nadie atrás.

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