Pluma invitada
Necesario cambio de ruta para mejorar la educación
Los resultados de la prueba PISA nos llevan a una reflexión profunda, que debe derivar en cambios para adoptar estrategias que mejoren todas las etapas de la trayectoria escolar de los estudiantes.
El informe de la evaluación PISA 2025 en la que participaron 91 países, con una muestra de 760 mil estudiantes, mide las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. Esta evaluación es realizada por la OECD, que agrupa a los países más desarrollados y busca medir las capacidades de los estudiantes de 15 años a nivel global. Se evalúa si los estudiantes pueden relacionar los conocimientos con la resolución de problemas de la vida diaria; es decir, se busca determinar el desarrollo del pensamiento crítico, la comprensión lectora y la capacidad científica. En otras palabras, si la educación que reciben es aplicable y útil para la vida diaria.
El valor de participar en PISA es que se obtiene información valiosa sobre el contexto escolar.
Según los resultados, en América Latina Uruguay lidera en matemática y ciencias, y Chile encabeza los resultados de lectura. Según el análisis de A. Ganimian, de la Universidad de Nueva York, presentado a los integrantes de la Red Latinoamericana por la Educación, REDUCA, la mayoría de los 13 países de la región, con pocas excepciones, obtuvieron menores resultados en lectura y matemáticas, que en la medición anterior de 2022, y 7 países mostraron avances en ciencias.
Los datos para Guatemala confirman que únicamente el 8% de los alumnos alcanza los niveles básicos de aprendizaje en Matemática, un 17% en Lectura y un 21% en Ciencias, siendo distantes del promedio de la región y lejos del nivel educativo en los países de la OCDE. Los puntajes alcanzados por nuestros estudiantes fueron menores que en la medición de 2022 en las tres áreas.
Aunque no nos gusten los resultados, es de reconocer la importancia de participar en esta medición, porque lo que no se mide, no se puede mejorar. Si tenemos fiebre, no tenemos por qué rechazar el termómetro con el cual la medimos. Según la gravedad de la enfermedad, así será el remedio que se recete al paciente. Ante los resultados de PISA, requerimos tomar medidas de alto impacto, que permitan mejorar los aprendizajes de los estudiantes a un ritmo acelerado.
Podemos dar mil vueltas a las razones de los bajos resultados, como la pandemia, la escasa disponibilidad de recursos, libros, tecnología y conectividad en las escuelas, el ausentismo estudiantil y de docentes, que deriva en poco tiempo destinado al aprender, la insuficiente formación y capacidades de los docentes o la deficiencia en el sistema de supervisión, entre otros factores. El valor de participar en PISA es que se obtiene información valiosa sobre el contexto escolar, el grado de asistencia, los recursos con que cuentan las escuelas y el apoyo de los docentes para los educandos. Entre las conclusiones, se determinó que los estudiantes tienen mejores resultados cuando valoran su escuela y los padres se involucran. Se genera evidencia que permite tomar decisiones para el fortalecimiento del nivel educativo.
Como señala Empresarios por la Educación, los resultados reflejan la deficiencia educativa en las distintas etapas de la trayectoria escolar de los estudiantes. Desde las limitaciones en la atención a la primera infancia y los altos indicadores de desnutrición crónica, la carencia de educación preprimaria en algunas comunidades, los vacíos en habilidades y destrezas que se generan en la primaria, la difícil transición entre sexto grado al ciclo Básico, y la formación insuficiente que se adquiere en la secundaria, repercuten en lo que saben y pueden hacer los jóvenes de 15 años.
Es necesario elaborar una hoja de ruta, que incorpore las acciones necesarias para cumplir con los 180 días de clase, contar con maestros preparados y comprometidos, dotar a los centros educativos de materiales, recursos digitales, equipo y conectividad para potenciar el aprendizaje. Y, sumar esfuerzos con vistas a que en la próxima prueba PISA, que se realizará en 2029, los alumnos guatemaltecos demuestren una trayectoria escolar exitosa, en la que han aprendido más y están preparados para enfrentar el futuro.