Pluma invitada

“Prensa Libre” y el rostro de Guatemala

La historia de “Prensa Libre” resulta inseparable de la historia de Guatemala.

Están los aniversarios que invitan a recordar una institución y están los que obligan a mirar de nuevo a todo un país. Los 75 años de Prensa Libre pertenecen a esta categoría especial.

¿Qué revelan los 75 años de “Prensa Libre” sobre estos 75 años en Guatemala?

Solemos pensar que un periódico observa a la sociedad desde afuera, como alguien que mira por una ventana, pero la realidad es más interesante. Un periódico también es un reflejo de la sociedad que cubre. Muestra lo que la gente considera importante, lo que las élites quieren proteger, lo que los gobiernos permiten discutir y también las voces que reciben atención frente a aquellas que quedan al margen.

Durante décadas se ha discutido si los periódicos reflejan a la sociedad o si también la moldean. La respuesta probablemente es que hacen ambas cosas. Son espejos que seleccionan qué reflejar y son también arquitectos que trabajan con materiales que no eligieron.

Cuando este matutino nació en 1951, Guatemala atravesaba un momento de esperanza democrática. Existía la idea de que el país podía construir algo nuevo. La ruptura de 1954 cambió ese rumbo. Durante las décadas siguientes, la Guerra Fría y el conflicto armado marcaron profundamente la vida nacional. El miedo afectó a los políticos y soldados, pero también a las instituciones, a los ciudadanos y a los medios de comunicación. Un espejo no puede reflejar con libertad cuando la sociedad que tiene enfrente vive bajo presión.

Resulta fácil mirar hacia atrás y preguntarse por qué ciertas historias recibieron atención y otras no. Sin embargo, una pregunta más profunda sería preguntar qué revelan esas ausencias sobre Guatemala. Cuando ciertas verdades no aparecieron con claridad durante los años del conflicto, la explicación no tiene que ver únicamente con periodismo. También apunta a una sociedad donde decir algunas cosas podía tener consecuencias graves.

Lo mismo ocurre con la histórica exclusión de los pueblos indígenas. Durante mucho tiempo, esas voces ocuparon un espacio menor dentro de la conversación nacional. Y eso también evidencia algo más grande que las decisiones de una redacción. Revela cómo estaba organizado el país. Revela quién era escuchado, quién era ignorado y quién tenía el poder de definir qué historias merecían atención.

Con el regreso de la democracia, el reflejo comenzó a cambiar. Los ciudadanos empezaron a exigir más información y más explicaciones. Las investigaciones sobre corrupción ganaron importancia porque la sociedad empezó a demandar rendición de cuentas. Ningún periódico puede crear por sí solo esa exigencia. Hace falta una ciudadanía que crea que las instituciones deben responder ante la población.

La modernización económica y la revolución digital volvieron a transformar el espejo. Guatemala se volvió más conectada y también más fragmentada, las noticias dejaron de llegar desde una sola fuente. Prensa Libre tuvo que adaptarse a un país diferente, igual que el país tuvo que adaptarse a una nueva manera de informarse.

Nada de esto convierte al periódico en héroe ni en villano. Hubo momentos en los que desafió al poder y momentos en los que reflejó las ideas dominantes de su época. Su evolución se parece a la de Guatemala porque las instituciones suelen parecerse a las sociedades que las sostienen. Es decir, un periódico termina pareciéndose al país que lo rodea. Refleja no solo aquello que una sociedad sabe, sino también aquello que prefiere no saber. De ahí que las críticas dirigidas a los medios muchas veces terminan apuntando hacia algo más amplio. Hablan de nuestras élites, de nuestras instituciones, de nuestros silencios y, en última instancia, de nosotros mismos.

ESCRITO POR:

Ana María Sánchez

Licenciada en Pedagogía