Pluma invitada
¿Qué importa hoy en día en la IA? Cuatro perspectivas
Cerca de tres cuartas partes han rediseñado profundamente sus flujos de trabajo alrededor de la IA.
Si nos fijamos en los análisis en las salas de juntas de las empresas, o en las pláticas del talento de las compañías en alguna pausa de café, advertiremos que las discusiones ya no se centran en si las personas utilizarán la inteligencia artificial (IA) o si las empresas deberán incorporarla. ¿Por qué? Ambas cosas ya ocurren todos los días. Ahora, si nos fijamos más, llegaremos a la deducción de que la pregunta que comienza a ocupar el centro de la conversación, sobre todo entre los líderes de las empresas, es mucho más exigente: ¿cómo transformar esa adopción acelerada en resultados económicos sostenibles? Los datos revelan una paradoja. El 80% de los trabajadores encuestados por McKinsey & Company para estos fines afirma que la IA ha mejorado su productividad individual, mientras apenas 37% señala que ha contribuido positivamente a las ganancias de su organización. Más revelador aún, esta última cifra prácticamente no ha cambiado respecto del 2025. Cerrar esa brecha exige mirar perspectivas que hoy deberían formar parte de la agenda de cualquier equipo directivo. Veamos.
La primera. Recuperar el control de la agenda tecnológica. Casi un tercio de los encuestados en la encuesta global sobre IA (“Global survey of the state of AI: On the road to ROI”, disponible en el sitio web de McKinsey) señala que su organización decidió no comprar al menos un producto o funcionalidad de software porque podía desarrollarlo internamente utilizando herramientas de programación con IA. Esto no implica construirlo todo dentro de casa, pero sí decidir estratégicamente qué comprar, qué desarrollar y, sobre todo, qué capacidades necesita dominar la organización para diferenciarse.
Segunda. Convertir la productividad individual en desempeño empresarial. Darle a un empleado una herramienta de IA puede acelerar una tarea, pero rediseñar un flujo completo de trabajo alrededor de las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología puede modificar la economía y el desempeño de todo el proceso. La diferencia es fundamental y las empresas necesitan pasar de sumar pequeñas eficiencias individuales a repensar cómo se realiza el trabajo.
La tercera. Administrar la economía de la IA con la misma disciplina que cualquier otra inversión estratégica. Uno de cada cinco encuestados reconoce que los costos operativos asociados con la IA han limitado su utilización. Al mismo tiempo, 60% espera aumentar la inversión durante el próximo año. El costo por token puede disminuir, pero los casos de uso más complejos consumen cantidades crecientes de ellos. La conversación sobre IA comienza así a convertirse también en una conversación sobre costos, retorno de inversión y asignación de capital.
Cuarta. Observar qué hacen diferente quienes ya están capturando valor. Quizá sea la perspectiva más reveladora. Los AI high performers representan apenas 6% de los encuestados, pero son 3.3 veces más propensos a utilizar la IA con la intención de transformar fundamentalmente su negocio. Cerca de tres cuartas partes han rediseñado profundamente sus flujos de trabajo alrededor de la IA, frente a solamente una cuarta parte del resto de las organizaciones.
La IA ya demuestra que puede cambiar profundamente la manera en que trabajamos.
La verdadera medida del éxito en esta nueva etapa.
El siguiente gran salto de la IA ocurrirá cuando las organizaciones sean capaces de integrar estas capacidades en la forma en que operan, toman decisiones y generan valor. Estamos entrando en una fase en la que la ventaja competitiva estará menos determinada por tener IA y más por saber qué hacer con ella.
Ese cambio coloca una responsabilidad mayor sobre los líderes, ya que será necesario rediseñar procesos, desarrollar capacidades internas, gestionar con disciplina los costos y las inversiones, y crear las condiciones para que la IA transforme el desempeño de la organización de manera integral. La tecnología abre posibilidades, pero convertirlas en resultados exige decisiones deliberadas y una visión coherente.
La IA ya demuestra que puede cambiar profundamente la manera en que trabajamos. Ahora comienza una prueba mucho más importante para las empresas: conseguir que la productividad que hoy experimentan las personas se traduzca en mejores procesos, mayor capacidad de innovación y desempeño empresarial duradero. Ahí estará la verdadera medida del éxito de esta nueva etapa.