EDITORIAL

Una nave donde naufragó el Gobierno

Se le debe reconocer a Jimmy Morales que su tozudez está haciendo una enorme contribución en el desprestigio y naufragio de su gobierno, agravado por las polémicas designaciones que ha hecho en cargos de trascendencia, desde donde también se acentúa la percepción de precariedad sobre quienes conducen la política interna y externa del país.

Buena parte de lo que está ocurriendo estos días se debe a ser tan obvio que quienes están tras el mandatario tampoco poseen la capacidad para comprender el enorme reto que tienen en sus manos, lo cual se agrava porque tanto él como algunos de sus más cercanos colaboradores afrontan persecución por casos de corrupción.

Entre los casos más patéticos de quienes deberían contribuir en algo a restablecer la imagen del presidente, o cuando menos no abonar en su deterioro, está la responsable del Ministerio de Relaciones Exteriores, de una supuesta larga trayectoria en esa cartera, pero quien cada vez que comparece ante los medios da muestras de que la carrera diplomática no ha pasado por ella.

Los constantes exabruptos de la canciller Sandra Jovel han llegado a niveles intolerables y en un gobierno medianamente decente ya debería haber salido por la puerta trasera. Son inconcebibles los niveles de mediocridad a los que ha llevado el manejo de las relaciones internacionales, sobre lo cual tampoco puede teorizar.

La canciller incurrió en fallas intolerables al referirse a temas cruciales para las relaciones de este gobierno y la comunidad internacional representada en Guatemala. Una de ellas fue cuando le correspondió abordar el tema de los intentos de expulsar del país al embajador de Suecia, algo sobre lo cual insistió, pero fue mucho más lejos, al calificar de “desafortunada” la intervención de los representantes diplomáticos de las naciones más poderosas del mundo.

El segundo caso se refiere a las incoherentes explicaciones sobre el dadivoso obsequio de un empresario de origen israelí, que puso a disposición del gobernante, su familia y sus corifeos un avión comercial que los trasladara a Israel para inaugurar la nueva embajada de Guatemala en Jerusalén, una medida además polémica porque se toma en contra del consenso internacional expresado en Naciones Unidas.

Al esgrimir inútiles argumentos, Jovel intentó abstenerse de dar detalles sobre los costos de ese viaje, tratando de escudarse en el supuesto derecho al anonimato del donante de ese oneroso servicio, como es contratar un avión capaz de efectuar un vuelo directo entre Guatemala y Tel Aviv, sin reparar en que ese tipo de donaciones están prohibidas en las leyes guatemaltecas y sobre las cuales tienen la obligación de dar información. Se trata, evidentemente, de una inversión para quien lo otorgó y las inversiones se hacen para obtener algún tipo de ganancias.

Por si fuera poco, la funcionaria, en un arrebato de inmadurez y rampante desconocimiento de la legislación nacional, pretende asegurar que no se puede dar detalles de ese donativo, con lo cual se coloca al mismo nivel de los financistas anónimos de la campaña electoral de FCN, que tienen al presidente Morales al borde de un nuevo proceso de antejuicio. Todo donativo, en resumen, debe ser registrado y explicado a los guatemaltecos, quienes tienen derecho de enterarse.