Luis Zea: codirector del desarrollo del CubeSat deja huella en la historia de la ciencia y la tecnología de Guatemala

El guatemalteco Luis Zea, además de codirigir desde Estados Unidos el diseño y la construcción de Quetzal-1, ha acaparado noticias por su trabajo en varios proyectos con la Nasa y con la Estación Espacial Internacional (EEI), entre otros proyectos. Sin embargo, trabajar en el sueño de lanzar el primer satélite guatemalteco al espacio es lo que más orgullo le ha dado.

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 El ingeniero bioespacial guatemalteco codirige el diseño y construcción del primer satélite guatemalteco, un CubeSat. (Foto Prensa Libre, Brenda Martínez)
El ingeniero bioespacial guatemalteco codirige el diseño y construcción del primer satélite guatemalteco, un CubeSat. (Foto Prensa Libre, Brenda Martínez)

Zea es ingeniero aeroespacial y es doctor en Bioastronáutica por la Universidad de Colorado (EE. UU). El año pasado la Nasa anunció que pondrá en marcha una idea de Zea de llevar al espacio algunos microorganismos para el fin de estudiar los efectos de la radiación especial y microgravedad sobre estos.

 

¿Qué le motivó a unirse al proyecto del CubeSat guatemalteco, Quetzal-1?

La primera vez que trabajé en un CubeSat fue durante mi maestría en Ingeniería aeroespacial en la Universidad de Florida Central (UCF, por sus siglas en inglés), en 2006. Ya estando en mi primer semestre me di cuenta de que no solo estaba tan bien preparado como los estudiantes de EE. UU. o quienes venían de Europa o China,  sino que en algunos temas tenía una mejor base que ellos, producto de lo que aprendí en la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). Esta fue mi primera lección de que en Guatemala existe el nivel de formación necesario para poder lograr el éxito académico en el exterior, incluso en carreras técnicamente complejas como la Ingeniería aeroespacial. Escogí ser parte de un proyecto de CubeSat en UCF también con el temor que no podría dar la talla, aprendiendo una vez más que la formación que traía de Guatemala era aún más de lo que necesitaba para laborar en un proyecto como este. Luego de trabajar en este aprendí la segunda y más importante lección al respecto: desde el punto de vista de recurso humano, capacidades, y conocimiento, el desarrollar un CubeSat en Guatemala era factible.

¿Cómo resumiría su experiencia todo este tiempo en el proyecto?

En ese entonces mi involucramiento con Guatemala no pasaba más allá de dar pláticas técnicas o motivacionales a estudiantes, compañías, y público en general, compartiendo cómo según mi experiencia, en Guatemala podemos hacer grandes cosas que en nuestro consciente colectivo soleemos creer que solo pueden suceder en países desarrollados. Pero esto cambió cuando el director del departamento de Ingeniería Mecánica de la UVG , el ingeniero Víctor Hugo Ayerdi, me contactó en noviembre del 2011 para analizar si podríamos colaborar en algún proyecto. Inmediatamente nos dimos cuenta de que compartíamos el interés de generar oportunidades de proyectos en temas espaciales para estudiantes, algo inexistente en Guatemala en aquel entonces. Dado que entendíamos que el desarrollar un satélite no era algo sencillo, empezamos con un paso intermedio, una competencia académica internacional de desarrollo de simuladores de satélites del tamaño de una lata grande, llamada ‘CanSat Competition’, en el 2013. Nuestro primer grupo de estudiantes en este proyecto fueron Rudolf Apel, Sofía Gutiérrez, Nikkos Papadopolo, Alejandro Gómez, y Carlos Lara.

El CubeSat Quetzal-1, primer satélite guatemalteco, se compone de seis submódulos principales, y es desarrollado en paralelo con la Universidad del Valle de Guatemala (UVG). (Foto Prensa Libre, Proyecto CubeSat).

¿De qué manera cree que su trayectoria en la ingeniería aeroespacial le ha servido para la creación de este satélite?

Inicié mi labor de enseñarles a los estudiantes en Guatemala procesos ingenieriles para el desarrollo de tecnología aeroespacial desde cero, planeación, controles, documentación, etc., y organicé revisiones con expertos internacionales quienes nos podían dar retroalimentación en nuestros diseños. Estas son el tipo de cosas que había tenido la oportunidad de aprender en mi tiempo en EE. UU.; en este punto aún era estudiante de doctorado en Ingeniería aeroespacial pero ya había tenido la oportunidad de trabajar en el diseño de la cabina de una nueva nave espacial y múltiples proyectos llevados a la EEI. Estos entrenamientos y seguimientos los seguí haciendo por los siguientes años conforme nos movimos del CanSat a el proyecto del CubeSat en el 2014, el cual empezamos con Emilio Miranda, Juan Carlos Molina, José Flores, y José Pérez como equipo de estudiantil (cada año venía un grupo de estudiantes nuevos). Para el 2018, lo que llamamos Fase 5 de 6, ya teníamos un grupo de estudiantes y exestudiantes quienes regresaron como voluntarios o fueron contratados por el departamento, quienes mantuvieron este conocimiento, haciendo innecesario el reentrenar personal en procesos ingenieriles que ahora son rutinariamente usados en este y otros proyectos en la UVG.

¿Y qué enseñanzas, a su vez, le ha dejado su trabajo junto al equipo del CubeSat?

En los primeros años el ingeniero Ayerdi y yo teníamos el control de cada pequeño aspecto del proyecto: cada actividad de los estudiantes, fechas, revisiones de reportes, estudios para la selección de componentes del satélite desarrollados por los estudiantes, revisiones con expertos internacionales, etc. Ya para el 2018 el grupo estaba tan bien establecido que ellos mismos empezaron a tomar algunos de estas responsabilidades. En especial, la inclusión de Marvin Martínez, José Antonio Bagur, Dan Álvarez y Emilio Miranda en posiciones de liderazgo en el proyecto logró esto. De la misma forma, quienes empezaron como estudiantes se volvieron expertos en cada uno de sus temas, y dado a la experiencia que han tenido con Quetzal-1, no dudo en decir que tienen el nivel de conocimiento de gente con maestrías o varios años en la industria aeroespacial a nivel internacional.

Zea junto a Fredy España, del proyecto Quetzal-1, durante una visita en la NASA. (Foto Prensa Libre: Cortesía Luis Zea)

¿Qué se siente haber sido parte de este equipo?

Hay gente que mide el éxito que alcanzan con cuánto ganan, el carro que manejan, sus títulos, etc. Yo lo cuantifico en medida del impacto positivo que podría haber tenido en la vida de otras personas. El ser una pequeña parte de este gran proyecto me hace sentir que un nuevo nivel de éxito fue alcanzado, que junto con el ingeniero Ayerdi no solamente generamos oportunidades para estudiantes en Guatemala de trabajar en un proyecto aeroespacial real, sino que este grupo logró un hito tecnológico en nuestro país al desarrollar el primer satélite la nación. Esto es fruto del esfuerzo de un grupo con un promedio de edad a penas arriba de los 20 años y en el cuál más de cien personas han participado. A pesar del pequeño papel que he tenido con respecto a la magnitud de trabajo realizado, este es el proyecto del cual más orgulloso me siento hasta la fecha. Espero con ansias ver hasta dónde llegan los jóvenes quienes han logrado que el sueño del primer satélite guatemalteco sea una realidad, en sus propias carreras profesionales, y espero escojan ser focos de desarrollo para nuestro país ya sea desde aquí o desde el exterior.

¿Qué importancia cree que tiene para Guatemala y Centroamérica el lanzamiento de un satélite de este tipo al espacio?

Sin duda alguna, el mejor producto que ha dejado el proyecto, en mi opinión, es que ahora en nuestro país hay ingenieros como José Antonio Bagur, Emilio Miranda, Dan Álvarez, Cecilia Marsicovetere, Kuk Chung, Fredy España, Johan Birnie, Marvin Martínez, Ricardo Paz, César Saavedra, María Fernanda Lee, Johannes Koehler, Diego González, Byron García, Jonatan Lara, Christopher Luttman, Daniel García, Juan Fernando Medrano y Santiago Solórzano, por nombrar a algunos de muchos.

El Dr. Luis Zea asegura que al inicio de grandes proyectos ha sentido temor de “no dar la talla”. Con el tiempo ha demostrado lo contrario. (Foto Prensa Libre: Cortesía Luis Zea)

¿Cómo cree que serán los próximos 10 años en el campo de la ciencia espacial en Guatemala y en la región?, ¿cuál es el mayor obstáculo?

Los próximos 10 años se ven prometedores en cuanto al desarrollo de la ciencia y tecnología aeroespacial en Guatemala. En enero 5 del 2020 vendrán de vuelta a la Tierra ejemplares de ciencia que se encuentran actualmente a bordo de la EEI como parte del proyecto Space Biofilms, un trabajo conjunto de científicos en los EE. UU., Alemania, y Guatemala. Estudiantes y catedráticos de Bioquímica, Microbiología, y Biotecnología Molecular de la UVG harán estudios en el 2020 enfocados en una cepa de bacteria que causa infecciones urinarias, especialmente aquellas adquiridas en hospitales a través de catéteres. Adicionalmente, la UVG es parte de un equipo internacional conformado por instituciones en EE. UU., Canadá, Alemania, y Guatemala quienes estamos desarrollando equipo aeroespacial y un experimento que irá a órbita Lunar en el 2021, estudiando daños al ADN debido a la radiación cósmica y mecanismos de reparación relacionados con procesos iniciales en el cáncer.

¿Cómo cree que las universidades y las autoridades estatales podrían promover o impulsar todo tipo de educación relacionada con la ciencia espacial?

Mientras que los jóvenes que desarrollaron Quetzal-1 nos demuestran que en Guatemala se puede hacer tecnología aeroespacial, en realidad la lección es más grande que esto: en Guatemala se puede desarrollar ciencia y tecnología de punta en general. Necesitamos cambiar nuestra mentalidad colectiva en Guatemala que la tecnología avanzada tiene que venir del exterior; nosotros también la podemos hacer, tan bien o mejor que lo que se hace afuera. Diversificar nuestras industrias para incluir ciencia y tecnología es lo que necesitamos para salir del subdesarrollo y para esto es necesario que futuros gobiernos y el sector privado inviertan más en estos rubros en nuestro país. Alguna gente piensa: “¿por qué gastar en esto cuando aún hay tantos problemas?”, y es exactamente esa la razón por la cual hay que hacerlo, no podemos seguir haciendo lo mismo y esperar diferentes resultados. En Guatemala podemos.

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