El legítimo derecho al descanso

Opinión

Tener unos días de vacaciones al año es un gran privilegio del que gozan pocos guatemaltecos. La mayoría carece de un empleo formal que incluya dicha prestación; quienes generan sus ingresos como jornaleros, agricultores microfundistas o en la informalidad viven el día y al día. A veces, ni eso. Los más afortunados ven su futuro financiero en términos de semanas, meses o temporadas. Peor aún, ni aún quienes tienen el derecho tienen necesariamente las condiciones para convertirlo en un tiempo dedicado a alejarse de su actividad o entorno cotidiano. Según la Encovi 2014, el 64% de la población ocupada que generaba sus ingresos por la vía del salario tenía ingresos promedio menores al salario mínimo de ese entonces. Por ende, pocos hogares tienen ingresos suficientes como para financiarse unos días de solaz al año, a menos, claro, que se endeuden. De hecho, la mayoría de nuestros recesos laborales están relacionados todavía con una festividad religiosa, la feria patronal del pueblo o la comunidad, o un hito que conmemora alguna gesta histórica y que el tiempo y los cambios en el modo de vida han reconvertido a “días de vacaciones”.  Así de precaria es la calidad de vida en esta sociedad.