El lugar ha atraído a cientos de amantes de los felinos, familias y jóvenes hipsters, atraídos por esta nueva moda que ya es popular en Japón, Taiwán y partes de Asia y Europa.
Los visitantes reciben una taza de café gratis: un “catachino” (un juego de palabras entre gato y capuchino) cuya espuma llega decorada con forma de gato, junto a una magdalena o una porción de pastel.
Los organizadores del evento afirman que siete gatos fueron adoptados el primer día y que confiaban en que los demás encuentren un hogar antes de que cierre el café el domingo por la noche.
“Estamos entusiasmados por el recibimiento”, se congratuló Niky Roberts, que representa a la marca Purina ONE, patrocinante de la iniciativa. “Ayer vinieron cerca de 500 personas y tuvieron que hacer varias horas de cola” .
Julie Schoonover, una estudiante de medicina de 24 años que adora a los gatos pero tiene la desgracia de que su compañera de piso es alérgica a ellos, encontró en el Cat Café un excelente paliativo para liberar su pasión.
“Alegría pura”, dijo, radiante, mientras pasaba la mano sobre uno de los diez gatos que había estado acariciando en los últimos dos días.
“Hay algo curativo en el ronroneo” , dijo Schoonover. “Para mí el ideal de vida sería tener un café de gatos y que ese sea mi trabajo” , bromeó.
No obstante, las visitas están limitadas a una hora, para que todos los humanos tengan oportunidad de acariciar felinos, pero también para que éstos puedan descansar un poco entre un cariñoso neoyorquino y otro.
Todos los gatos están bajo el cuidado de la North Shore Animal League, el mayor refugio de cuidado y adopción de animales de Estados Unidos.