Vida

César Izquierdo

Materia, espacio, color, se conjugan en la pintura de este artista, en equilibrada proporción

Quiere decirse que sus cuadros expuestos en el Museo Ixchel participan por igual de una casi obsesión por la ?materia?, y de una ocupación material del espacio. Su obra, en justas palabras, valdría calificarlas de extensiones sin horizontes.

Las formas las envuelve en un caudal de tonos, que pueden ir del ocre al púrpura, del azul al gris, en los cuales los pequeños y ordenados accidentes de la ?materia? repercuten en infinidad de ?ecos? de sombras y luces. Estos accidentes llegan a ser moderadores de una una geología sin brusquedades, dejan que la luz resbale sobre ellos o se quede en ellos.

La técnica de César Izquierdo es elaborada, minuciosa y lúdica, por lo que nos arrebata el don de la sorpresa, sin renunciar a lo dramático y a lo espectacular. No hay solamente un sentido de representación teatral en algunas obras, sino también de actuación en la ejecución, que sugiere que, después de todo el tema lo pide, en ?Familia? o ?Canción de soledad?. Las formas son coherentes, cerradas en bloques compactos; cada una de sus partes está en perfecta compensación en sus relaciones con las otras, manteniendo así un recio sentido del ?orden?.

En la obra ?Estructura? pareciera que estas formas implícitas se desgajan dejando que el aire circule entre ellas, manteniendo siempre un principio de ?orden? y armonía. En ésta y otras obras, Izquierdo subraya la importancia del ?ritmo?. Como factor equivalente de la forma en el espacio, logra por medio de la línea la sensación real de movimiento, algo como el rastro que deja una persona al pasar: es la sensación de una presencia viva.

Lo de cierta estirpe expresionista se puede medir en la sabiduría de su dibujo y en lo que su extraña ideografía contiene de amargo. El artista nos coloca frente a un espectáculo que es su mundo interior exteriorizado, con la ayuda y vitalidad de la línea, en la riqueza de las múltiples texturas y en las relaciones de áreas de color, que en sí son profundos abismos de sensibilidad. En esta obra no existe lo arbitrario, ya que su visión es, a la vez, inconsciente, filtrada y seleccionada.

Pero al darle un cuerpo claramente definido implica tremendos esfuerzos conscientes, de construcción, de abstracción, de dominar técnicas y de mantener la misma visión clara y presente en la mente, porque tan pronto como algo, por insignificante se sea, comienza a surgir en el lienzo, adquiere una realidad física. Es así como la obra nos persuade de que la representación o la idea se hace cada vez más exacta, y logra preservar lo que continuamente se desvanece e inferirle infinidad de vidas.

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