Es en los albores del Renacimiento, el hombre descubre que la tierra, las montañas, ríos y mares son suyos, ?la tierra le pertenece? y le place contemplarla, como en los ?tiempos dichosos de los griegos?.
Las corrientes medievales estaban muy enraizadas, y el Renacimiento no rompió con estas corrientes, sino el cambio fue gradual. Pero el hombre del renacimiento, con su casi recobrada individualidad, mira hacia adelante, aún esta sociedad influenciada por el humanismo, retrocede ante el temido infierno y el inalcanzable paraíso. Es posible atribuir a Petrarca, poseedor de un espíritu innovador, liberar al hombre espiritualmente. Escribió parte de su obra en lengua ?vulgar?, es decir no en latín.
Por primera vez, exalta a la mujer, Laura, la mujer abstracta, su amor mítico. Recordemos que en gran parte de la Edad Media la mujer era símbolo del pecado, pecado de engendrar, pecado de vivir, sólo la muerte no era pecado para ella, puesto que le esperaba un infierno infinito. El Renacimiento creó la idea del cielo humano, y lo representó en forma de felicidad terrena, y aspiraba instalarse en él sin miedo. El infierno al fin cedió el paso a un arrogante paraíso, sino en la tierra, en un lugar cercano a ella. ?El jardín del Edén? y la ?Ciudad de Dios?, ya no son sólo elucubraciones metafísicas. Colón no viajó hacia lo desconocido sólo para retornar con puñados de especies, Colón buscaba el paraíso de Dios, pero también ansiaba al oro.
Asimismo, las ciudades experimentaban cambios en toda Europa. Si los teólogos medievales dotaron de atributos, casi absurdos a la eterna Jerusalén, según algunos de ellos construida en ?oro transparente?, la ciudad renacentista con sus baluartes, sus mercados y talleres de artesanos, nació con ella una nueva forma de encarar a la vida, puesto que poco a poco el hombre se individualiza, además se está gestando un nuevo enfoque religioso, y casi religiosamente el hombre ?ve? a ?su? ciudad. Perderla, era perderse él.
Pero jamás podríamos olvidar de mencionar en esta época a la ?Santa Inquisición?, sus antecedentes se remontan al siglo XI. Se mató por ignorancia, y muchas veces por capacidad.
Pienso sobre todo en la conquista de nuestras tierras, se mató por el solo hecho de sustentar otra creencia, se asesinó por codicia de riquezas. La soldadesca, amparados por criminales de gabinete, como Ginés de Sepúlveda y sus justificaciones teóricas y falsas. Es así como surge la Reforma, en la que el humanismo había labrado el camino. Y así Martín Lutero pudo conducir a la Iglesia Católica a un cisma sin precedentes (1525).
Para el mundo del arte de Alemania, les estaba prohibido representar a los Santos y Santas, ni a Cristo y menos a la Virgen María.
La imagen perdió la batalla. Pero el artista vuelve su vista a lo que tanto había admirado Petrarca, ?en la gozosa contemplación?, del Mont Ventaux en Provenza, la basta y bella panorámica del paisaje. Pero Petrarca tiene escrúpulos y aun remordimiento de gozar de la belleza terrena, acude a San Agustín, y lee ?Y los hombres acuden a admirar las cumbres de los montes, y las poderosas olas del mar y los ríos?.
El paisaje, como tema casi divino estaba por surgir en el anchuroso mundo de la pintura.
De esta época hasta nuestros días, el paisaje ya no será una banal comparsa dentro del cuadro. El paisaje se independiza y así inicia su largo camino.