Ciencia

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Algunas personas tienen intensas “imágenes mentales”. Otras no tienen ninguna.

Los científicos están llevando a cabo nuevas investigaciones para comprender mejor los vínculos entre visión, percepción y memoria. Lee la historia completa.

Ilustración:   Richard A. Chance

Ilustración: Richard A. Chance

Adam Zeman no le dedicaba muchas neuronas al ojo mental, hasta que conoció a alguien desprovisto de él. En el 2005, el neurólogo británico atendió a un paciente que dijo que una cirugía menor le había quitado la habilidad de evocar imágenes.

Desde entonces, Zeman y sus colegas han sabido vía encuestas de más de 12 mil personas que afirman no tener esa cámara mental. Los científicos calculan que decenas de millones de personas comparten la condición, la cual han bautizado como afantasía, y que millones más experimentan imágenes extraordinariamente intensas, lo que llaman hiperfantasía.

En sus investigaciones más recientes, Zeman y sus colegas están reuniendo pistas sobre la manera en que surgen estas dos condiciones mediante cambios en el cableado del cerebro. Y están explorando cómo algunos de esos circuitos pueden evocar otros sentidos, como el sonido, en la mente. Esa investigación podrían incluso posibilitar el fortalecer el ojo —o el oído— mental con pulsaciones magnéticas.

“A mi juicio, este no es un trastorno”, señaló Zeman, científico cognitivo de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido. “Es una interesante variación en la experiencia humana”.

Joel Pearson, un neurocientífico cognitivo en la Universidad de Nueva Gales del Sur, ha desarrollado métodos para estudiar la afantasía y la hiperfantasía sin depender de encuestas. En un experimento, se concentró en el hecho de que nuestras pupilas se contraen automáticamente cuando vemos objetos brillantes. Cuando Pearson y sus colegas pidieron a la mayoría de las personas que se imaginaran un triángulo blanco, sus pupilas también se contrajeron.

Pero la mayoría de la gente con afantasía a la que estudiaron no tuvo esa respuesta. Sus pupilas permanecieron abiertas, independientemente de qué tanto se esforzaban en imaginarse el triángulo blanco.

En otro experimento, Pearson investigó la forma en que la piel de la gente se vuelve más conductiva cuando ve escenas aterradoras. Pearson y sus colegas monitorearon la piel de voluntarios mientras leían historias de miedo proyectadas en una pantalla. Cuando la mayoría de la gente leyó sobre experiencias atemorizantes, como acerca de ataques de tiburones, experimentaron un repunte en la conductividad de la piel. Pero no fue así en las personas con afantasía.

El estudio sugiere que el ojo de la mente actúa como un amplificador emocional, fortaleciendo tanto los sentimientos positivos como los negativos producidos por nuestras experiencias. Las personas con afantasía pueden tener esos mismos sentimientos a partir de sus experiencias, pero después no los amplifican a través de imágenes mentales.

Los investigadores también están utilizando tomografías cerebrales para encontrar los circuitos que originan la afantasía y la hiperfantasia. Hasta ahora, esa labor sugiere que las imágenes mentales surgen de regiones del cerebro que se comunican entre sí.

Las regiones de toma de decisiones en la parte frontal del cerebro envían señales a las regiones de la parte posterior, que normalmente le dan sentido a la información proveniente de los ojos. Esas señales de arriba hacia abajo pueden hacer que las regiones visuales produzcan imágenes que no están allí.

En un estudio publicado en mayo, Zeman y sus colegas escanearon el cerebro de 24 personas con afantasía, 25 con hiperfantasía y 20 sin ninguna de estas condiciones.

Las personas con hiperfantasía tuvieron una mayor actividad en las regiones que unen la parte frontal con la parte posterior del cerebro. Quizás puedan enviar señales más potentes sobre la toma de decisiones a los centros visuales.

Algunas personas podrían ver a la afantasía como una enfermedad debilitante. Pero Zeman sugiere que la afantasía hasta podría tener algunas ventajas sobre la hiperfantasía.

La hiperfantasía genera imágenes que parecen tan reales que podrían abrir la puerta a recuerdos falsos. De manera similar, las personas que carecen de ojo mental podrían librarse de algunos de los lastres provocados por revivir experiencias traumáticas, porque no tienen que reproducirlos visualmente.

“Como dato anecdótico, son muy buenos para darle la vuelta a la página”, señaló Zeman. “Uno se pregunta si es porque no se ven tan agobiados por las clases de imágenes que, para muchos de nosotros, se agolpan en la mente y provocan remordimiento y añoranza”.

Pearson dijo que podría volverse posible, con pulsaciones magnéticas no invasivas aunadas a un entrenamiento cognitivo, dar a las personas con afantasía un ojo mental con el que nunca contaron.