El Attico.
La muestra se inicia con el conjunto que Recinos denominó ?Inventos?.
Contrariamente a una opinión bastante generalizada ha visto en el ?Comic? un género destinado a los analfabetos. Por el contrario, el ?Comic?, en muchos casos, es de difícil acceso, puesto que se requiere una sólida cultura gráfica para comprenderlo a cabalidad.
El cineasta Alain Resnais propone que sería más adecuado el término de ?Literatura gráfica?. En esta serie de los ?Inventos?, Recinos nos relata gráfica y literalmente pequeñas historias de ?grandes? inventos: inventos absurdos, irónicos, fantásticos, pero que serían útiles como el ?Aguaceroide?. Con un dibujo simple pero jamás simplista, nos da la clave de cómo guardar el agua.
Cada ?Invento?, con su historia, tiene su propio ritmo. Recinos se coloca al servicio de su narración, puesto que cada una posee su propia sensualidad, que se justifica en los cambios de líneas y texturas; aquí el pintor explora a su sabor y antojo todas las posibilidades de la línea, para darle mejor curso a su imaginación.
Hay clasicismo en estos dibujos. Trata de tú al drama psicológico manejado con ironía (?Ahogapata?) o que escoge la sinceridad ?peligrosa? de ?Aguaceroide?, el todo cuajado en negro y blanco, y completado con un realismo jocoso e irónico. En las líneas de contorno el lápiz se torna en escalpelo. Cuánta fantasía existe en lo más profundo del ser humano y en los grandes dramas cotidianos.
Libertad creadora, pero cuánto rigor. La fuerza gráfica en Recinos es un postulado de intensidad y de propósito. Construir historias es una exigencia, pero también puede desmembrarlas, lo cual nada tiene que envidiarle a Ray Bradbury, pero un Bradbury con un sofisticado sentido del humor.
En la fuente de Carlos III el Neoclásico se transforma en Rococó; los caballos de la fuente cobran realidad y tiran de la misma, en alusión a los traslados que ha experimentado esta fuente. En esta obra utiliza el dibujo en donde las líneas van formando el color, casi como la trama y la urdimbre de un tejido.
Cada dibujo posee su propio ritmo.
Con anterioridad a la I Guerra Mundial, el expresionismo literario y pictórico presenta perfiles bien definidos. La arquitectura, en cambio, es un movimiento confuso y hasta contradictorio. No se siente aún una lingüística arquitectónica específica. La cultura alemana de este período desembocará en un compromiso realista, presente, por otro lado, en el dadaísmo berlinés.
Tras la I Guerra Mundial (1920), en la arquitectura expresionista confluyen notas de ?Vanguardismo? y ?Visionarismo?, que darán origen a ciertas ?utopías? concebidas en términos arquitectónicos. La famosa ?utopía? de ?La construcción de la Tierra?, gestada entre otros por Barting, Hilberseimer y Gropius, siguen esta línea, pero confirmando la fuerza de la fantasía y de la imaginación.
Recinos nos muestra, a través del humor, propuestas arquitectónicas que en sí son críticas al racionalismo. Con inteligencia, piensa en lo ?utópico? de la arquitectura de un lejano futuro, donde el hombre se apoyaría en la esencia de lo sensible y lo estético. En los ?órdenes? de las columnas existe un cúmulo de intenciones, dinamizado con la limpieza del trazo.
En cada obra hay un trozo de vida, donde conviven lo absurdo y lo racional, la seriedad y la ironía; lo capta todo sobre la marcha, pero siempre hay tiempo para reflexionar. Recinos nos ofrece una exposición de la más alta calidad, nos hace entrar en un espacio de orden visual, pero sobre todo ingresamos a un mundo donde lo onírico es lo cotidiano.