Es una especie de autobiografía literaria, que al igual que en el diccionario de la vida, se compone de 40 voces que van de la A hasta la Z, en las que el autor profundiza en temas como la amistad y la educación, pasando por Dios, Balzac, Buñel, globalización, política, sexo, el Yo…
Las voces tienen formas muy diversas y la mayoría son microensayos en el que por primera vez el laureado escritor ofrece aspectos muy íntimos de su vida, aunque -confiesa- su autobiografía propiamente dicha tendrá que esperar hasta que cumpla sus 80 años.
En las 356 páginas del libro, Fuentes traza un mapa de su itinerario vital e intelectual, por lo que combina muy bien experiencia, reflexión e ideas de gran calado.
La muerte del hijo
En uno de los capítulos del libro, el escritor -autor de Los Años con Laura Díaz- revela sus más íntimos sentimientos ante la muerte de su hijo menor, Carlos Fuentes Lemus, ocurrida en 1999. ?La muerte de Carlos dejó en mí y en su madre la realidad de cuanto es indestructible… ‘Morir joven es una cabronada?, nos dice el escritor catalán Terenci Moix?, señala contundente Fuentes quien acaba de ser investido con el doctorado Honoris Causa por la Universidad de Salamanca.
En esta entrevista Fuentes habla además sobre la situación política en su país, sus proyectos y, por supuesto, sobre el contenido de su nueva obra.
-En esto creo? habla de Dios, pero, ¿en quién cree usted?
-El credo es el género que menos participa en el libro, aunque le da el título a la serie, ya que considero que hay suficiente dosis de escepticismo para que se tome el credo al pie de la letra. Lo que sí creo es en lo que dice Jorge Luis Borges: ?La teología es simplemente una rama de la literatura fantástica.
-En su obra habla de Dios, ¿cuál es su percepción sobre él?
-¿Para qué creó Dios al mundo? ¿Necesitaba crearlo, no se bastaba a sí mismo? ¿No era auto-continente y auto-comprensivo para andar creando esa revoltura que se llama el mundo con todos los dolores de cabeza que le debe dar? El hecho es que Dios es un gran enigma y lo que me interesa no es saber la existencia o inexistencia de Dios; por eso cito la irónica frase de Pascal: ?Creo en Dios porque si Dios existe salgo ganando, y si no existe no pierdo nada?. Y esa ironía no excluye la preocupación filosófica y literaria acerca de su existencia que se encuentra en tantísimas obras de la pintura y de la literatura. No sé si existe o no, pero existe el concepto de Dios y existe la manera de negarlo o aceptarlo. Aunque claro, todo lo dijo Luis Buñel con una famosa frase: ?Gracias a Dios soy Ateo.
-En su ensayo también hace una apología del yo, ¿cuál es el argumento central de su planteamiento?
-Parte del yo que tiene elementos sagrados, cuando hay una ataque contra el yo como ha sucedido tantas veces en el siglo XX: tantas humillaciones al yo, ofensas a las personas, encarcelamientos, torturas en todos los regímenes totalitarios. Uno piensa en la sacralidad de ese yo que murió en Auschwitz, por ejemplo.. Parto del yo en ese capítulo, pero para insertarlo en un radio mucho mayor de lo social, pero sin sacrificar nunca la intimidad personal.
-¿Cómo escogió las voces de su diccionario y en que medida esa selección de las palabras a determinado el contenido del libro?
-Era casi fatal que escogiera esas voces, porque tiene que ver mucho con mi vida y con lo que he escrito y mis intereses literarios, estéticos, personales. De manera que vino de una manera fatal: digo h y pienso en hijos, digo F y pienso en Faulkner, digo G y pienso en globalización.
-¿En qué otros proyectos literarios trabaja?
-Estoy escribiendo un libro que se llama ?Viendo Visiones?, que trata sobre artes plásticas, pintura, escultura, sobre José Luis Cuevas y Botero. Además, tengo muchas ganas -porque soy una enciclopedia del cine (mi único rival es Terence Moix)-, de escribir sobre mis experiencias como espectador de cine. El libro se llamará ?Mis Cines?, que hablará de los cines a los que he asistido desde que era niño y los mundos que fui descubriendo en muchas salas.
-En su ensayo califica la globalización como el tema central del siglo XX, ¿cómo percibe este fenómeno?
-El mundo que estamos viviendo se parece mucho a otras épocas, por lo que esta no es la primera globalización. El descubrimiento de América, la circunnavegación del globo por Magallanes son fenómenos que globalizaron al mundo en su momento, trajeron enormes injusticias, pero crearon a su vez una gran reacción de crear una legalidad. La Revolución Industrial es un proceso globalizador que produjo desigualdades e injusticias, pero a su vez produjo una respuesta de tipo legal. Ahora lo que está sucediendo es que tenemos una nueva realidad que llamamos globalización, pero carente de una nueva legalidad, sin control político, eso es lo grave. Es decir, que hay que crear instrumentos que gobiernen a la globalidad, a fin de que rinda frutos positivos y no solo negativos, como pueden ser la circulación de capitales puramente especulativos al ritmo de 3,000 millones de dólares diarios, sin ningún efecto productivo o de beneficio para el trabajo. Vivimos en un mundo en que las cosas circulan libremente, pero las personas no, y la inmigración creo que va ser el tema central del siglo XXI.