Escenario

Mi amigo Monteforte

Por Angel Elías

Nunca conocí a Mario Monteforte Toledo, más que por escritos en periódicos o libros de ensayos.

No conocí a ese genio de la literatura guatemalteca. Ese que conseguía sonrisas de los libros más serios.

El primer libro que creo haber leído de él fueron Los Cuentos de la Biblia. Desde ahí pretendí seguirle las huellas a aquel personaje tan inaprensible como sus libros.

Con un más de una decena de libros publicados Mario Monteforte fue uno de los escritores más activos de la literatura guatemalteca.

Publicando su último libro a sus 91 años, este personaje todavía deja con un cierto asombró redondeándonos la boca.

Publica artículos desde los 19 años hasta la fecha de su muerte, y funda diversas organizaciones culturales a esa misma edad.

El acercamiento a la literatura de Mario Monteforte puede ser desde cualquier punto de vista.

Desde sus novelas, Los Desencontrados, Los Adoradores de la Muerte, Anaité.

Desde sus escritos y ensayos: los Cuentos de la Biblia, Las Cosas y El Olvido. Desde sus cuentos: La cueva sin quietud, Cuentos de Derrota y Esperanza. Su teatro: Los gringos y La noche de los Cascabeles.

Y en la cinematografía la película Donde Acaban los Caminos de su novela del mismo nombre.

Tal vez uno que otro tenga la suerte de encontrarse con sus poemas, yo no la he tenido.

Al leer a Monteforte uno se inmiscuye en una lectura de reflexiones ideológicas y de contenido estético.

Leer, para mí, la muerte más hermosa en la novela Unas vísperas muy largas, es mágico.

Aunque tanto se ha escrito acerca de Mario Monteforte, yo debo sumarme para su homenaje al año de su muerte.

No por complacencia improcedente sino por el cariño que le tengo a sus letras.

Creo que Monteforte es y será una influencia literaria para muchos escritores.

Talvez más de los que fueron sus apadrinados. Pero a estas alturas me pregunto ¿Era un beneficio ser apadrinado de Monteforte? ¿Estar debajo de la sombra de un titán? Mucha de la gente que tuvo el beneficio de Monteforte se encuentra deambulando en las callejuelas de las letras guatemaltecas. A veces ufanándose de su parentesco lírico con el genio del siglo pasado.

Es terrible el daño alguien se puede hacer al ensombrecerse del maestro.

El seguir a este genio me ha enseñado a pensar en la pequeñez del mundo. Uno nunca es famoso, y si lo llega a ser, solo lo será en su micro-espacio.

Enfrentarse a sus lecturas, no significa sentarse a beber café frente a la chimenea y esperar que el libro se abra solo. Implica descifrar un código completo en lenguaje Monteforiano.

Desde metáforas elaboradas a su dialéctica, muchas veces erudita, hasta los cuentos más simples y profundos.

Creer que al leerlo en un buen porcentaje de sus escritos es conocerlo, es una blasfemia.

Existió el personaje que escribe, al que entrevistaron, el que comentaba, y el intolerante, que muchas se veces reflejada en sus ensayos.

Nunca conocí a Monteforte, más de lo que sus escritos me mostraron, con ellos tuve para sentirlo un amigo.