Me encontraba leyendo a Morteforte Toledo, en su último libro, Las Cosas y El Olvido, y su ensayo sobre la vejez me pareció muy bueno. Él dice, que solo los viejos pueden hablar de la vejez.
Pero la vejez puede ser un estado emocional, que puede sentir viejo a un joven. (eso lo digo yo).
Me siento viejo a mis casi 20 años. De ese punto se llega a un tipo de depresión por el tiempo, que te hace sentir viejo. Creo que al llegar a la verdadera vejez, el sentimiento es el mismo, aunado por la intolerancia hacia los jóvenes y sus nuevas modas.
Allí vuelvo a caer en el dilema de -ya estoy viejo-, soy un poco intolerante con mis contemporáneos. Con sus excéntricas modas y su poco sentido de aceptación hacia mí.
Volviendo al tema de la vejez. Llega al momento de estancarte en la propia época dorada. Ya sea por capricho o por que no existió otra. En mi caso, los recuerdos, que veníamos platicando, viene de la mano de la sensación de viejura, (no de ancianidad, tomar nota).
Al no poder cambiar esos recuerdos, se vuelven lejanos, aunque no sea así, en el tiempo. Eso da la sensación de estar ya bastante caminado en el sendero de la vida, y cuando se retrocede la vista se crea el espejismo de lejanía, con ello la sensación de viejura.
Ahora creo prudente, antes de continuar, dar mi definición de ancianidad y viejura. La viejura la sentimos algunos jóvenes inadaptados a la continua evolución de una sociedad occidentalizada.
Esos que nos llenamos de recuerdos no tan gratos, para volverlos a vivir continuamente.
Estamos jóvenes de cuerpo, pero añejados en las entrañas por las retro-añoranzas. En el caso de la ancianidad, es el estado después de ser adulto, se le llama también adulto mayor. El mayor beneficio de este estado, probablemente es el cúmulo de experiencias, que aunque no se recuerden, se practican.
En pocas palabras las vivencias dan sapiencia. La vejez está muy legada a estos dos estados, a la viejura y a la ancianidad Probablemente esa sensación es el común denominador en estos dos elementos.
En el caso de la viejura, la muerte es lo que menos importa. Entiéndase la muerte como muerte, como futuro próximo. La muerte ya ocurrió. Por eso de la amargura a tan temprana edad. Uno muere en el momento de darse cuenta que ese estuche de recuerdo está lleno y mohoso, que nos revolcamos con las mismas cosa que nos hicieron felices (un viejo amor, una vieja amistad, un viejo viaje, un viejo sueño, un viejo deseo, un viejo, un viejo, un viejo…) nos damos cuenta que esas cosas no existen.
Y nos perturba esa idea. Nos aterra besar esos exquisitos labios de las memorias, esos que ya fueron besados por la muerte. Propiamente dicho, la muerte de las convicciones. Existe vejez en la juventud y es deplorable, pero real. La viejura llega al momento de rebobinar la cinta y darse cuenta que es demasiada. Y te pesa en las espaldas la sensación de haber vivido o de haber no vivido.