Con modestos recursos, pero con exageración de detalles, el autor de esta escultura hizo lo posible para darnos una réplica ?mejorada? de una ceiba. La alegoría a la ceiba está situada al pie de la pasarela, casi enfrente del Museo Nacional de Arqueología y Etnología, zona 13.
Este pobre engendro que trata de adornar la ya tan maltratada ciudad, no es arte, ni popular, ni naif, ni académica. Unos gramos tiene de todo esto, pero no es todo eso, es kitsch en estado bruto. Pero…como siempre he dicho, para el ?artista? que realiza este tipo de kitsch, su vida ha de ser una sucesión de deseos y de utópicas irrealidades.
La susodicha alegoría hace palidecer de envidia a la ?muela feliz?, la ?muela?, posee todo el encanto de hacernos reír de ella, se desprende una ingenua alegría. Esta ?alegoría? tiene algo de frustrado de fúnebre, de sus manos brotan retoños que vista de lejos parecen rayos y centellas, con cierta unción falsa.
Más que escultura, esta obra es una anomalía estética, uno de sus errores radica en el anacronismo, en la carencia de pesas y medidas, cada parte de la escultura está de más. Con ella entendemos por qué una rosa en el rosal jamás será kitsch, se transforma en cursi en el bouquet de la quinceañera o de una novia. ¿Por qué no sembraron una ceiba en lugar de esto?
Acerca del 15 de septiembre
Como todos sabemos, septiembre es el mes de la patria (frase absolutamente cursi). Pocos días faltan para que veamos desfilar a niños y niñas vestidos de generales, por eso siempre he creído que el kitsch se aprende en la escuela. Se debería prohibir, so pena de multa a las ?inefables majorets?, que con pasos y piruetas torpes, que por el espacio del tiempo que dura el desfile se sienten gringuitas y que están en la ?Super Bowl?.
Costumbre gringa, calamitosa por cierto, pero, ¿por qué copiar una de las costumbres más kitsch de este país?
Nuestras ?majorets?, quieren triunfar efímeramente, por encima de los límites naturales. Y llegamos al fin del año escolar. Veremos fotografías de jóvenes con birrete y toga norteamericanos, lo que nos indica que seguirán estudios superiores.
Sin ánimo de ofender al grueso de la población estudiantil femenina, dirigen sus pasos hacia la filosofía o letras, muy de moda está la restauración, si son de familias ?muy? acomodadas, piensan terminar de pulirse en Florencia, de preferencia. Me imagino que toman al pie de la letra, la frase altamente kitsch de Amado Nervo, y piensan ?Yo fui el arquitecto de mi destino?.
Digámoslo de una vez el kitsch surge en las clases de recién acumulada riqueza, al que nada le falta materialmente, pudieran estar más que satisfechos con lo que tienen pero no están satisfechos con lo que son, de ahí surge el kitsch del ?Nuevo Rico?. Desgraciadamente a estas personas les cuesta madurar, y al no lograrlo adoptan tan sólo lo que les conviene, todo lo hace a destiempo, como en el baile de las ?majorets?.