Este padecimiento se produce habitualmente por un fenómeno dependiente de los andrógenos u hormonas sexuales masculinas y existe cierta predisposición genética familiar para que aparezca; es decir, la pérdida del cabello es un problema hereditario.
En este trabajo, los investigadores identifican un gen específico implicado en el trastorno.
Éste, del receptor androgénico, controla la función de las hormonas masculinas como la testosterona.
Los autores señalan que aunque éstas promueven el crecimiento del pelo en el cuerpo y la cara en los hombres, el exceso de andrógenos también produce una mayor pérdida.
Los autores concluyen que su hallazgo podría dar lugar a nuevos tratamientos para este importante factor estético de los varones.
Así que es posible que en un futuro los calvos no tengan que someterse a las torturas por las que muchos han pasado para disimular su calvicie.