Vida

Diez grabados de Daniel Schafer

Uno de los mayores problemas que tiene planteado el arte contemporáneo es el retorno a una racionalidad.

El sometimiento del arte a la razón viene a iniciarse tras una larga y confusa etapa de abdicaciones. La principal característica en la obra de Daniel Schafer es precisamente ese porcentaje de racionalidad.

Su obra es una auténtica concreción sustancial de un largo proceso mental; libera al movimiento de las contingencias físicas, aspirando a sistemas que desborden los límites del caos figurativo y a una energía pura engendrada por el movimiento de las fuerzas plásticas.

Proclamando los principios de un arte no basado sobre el mundo del objeto sino en la forma autónoma y del ?juego? de las formas geométricas y en la forma autónoma de las mismas. Sobrepasa los límites de la figuración y rehúsa ver en la obra de arte como objeto de contemplación estética; Schafer formula una disciplina artística tendiente a alumbrar una visión plástica que rompe con el antropocentrismo nacido en el Renacimiento.

Por medio de una forma geométrica creada por triángulos (rehilete) a través de éste y en él se esconde un engranaje de todo un sistema hasta llegar a un mundo significante, en donde la energía toma cuerpo mediante el movimiento al que daremos nombre de forma. Avancemos un poco más y encontraremos en esa concentración de las formas que casi podríamos empuñar, puesto que los volúmenes o las geometrías se engrandecen, dejando atrás el esquema conceptual.

El artista logra compendiar aún más esas formas, utilizando la concentración cromática del negro y el blanco. Ordena los rectángulos y las estrellas, resultando así formaciones astrales ordenadas en órbitas lineales y rigurosas de donde surgen equilibrios musicales. Y ellos siempre con una inteligente retracción y un claro desdén por lo fácil. Hombre de feroz independencia, en sus grabados predomina la soledad, pero sin sentimiento pesimista, tratado con un lenguaje fluido que acaba siendo exponente de un constructivismo mental en el que el sujeto es el ritmo geométrico más que de la misma forma, y rota los ángulos que hacen de testimonio de su existencia. Han sido la quintaesencia y la serenidad las partes vencedoras.

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