Además de tener muy buena memoria, siempre parece dispuesto a contar anécdotas y a atender con gusto a quien quiera saber más de la ciudad. Actualmente ocupa el cargo de director del Museo Nacional de Historia.
Ha escrito 25 libros y desde hace 15 años hace crónica televisiva. Ahora está trabajando en un disco compacto, que es una reconstrucción de la ciudad de Guatemala y de sus tradiciones.
-Explíquenos qué significa ser Cronista de la Ciudad. ¿Qué ha hecho para merecer ese título y quién se lo otorgó?
-Eso es una tradición medieval española. Antiguamente se llevaba, paralelo a la administración, una memoria de la ciudad para mantener siempre vivo cuál era su desarrollo histórico. Eso pasó a América en la época de la Colonia; de esta manera a los diferentes lugares hispanoamericanos, y hoy continúa vivo este papel. Este cargo le compete darlo al Concejo de la Ciudad, es honorífico. Para esto se hace una propuesta de candidatos que, a través de su obra, que tengan vocación hacia la difusión y conservación de la ciudad. En mi caso, tengo 25 años de haberme dedicado a estudiar a la ciudad en toda su dimensión. Su parte histórica, su parte arquitectónica, su parte cultural. He atacado mucho su destrucción y he colaborado en su conservación. He utilizado los diferentes medios, como televisión, radio, prensa y mis propios libros, tendientes a mantener la ciudad. Lo que sucede es que yo nací en esta ciudad y desde muy niño me he vinculado con ella. Creo que lo importante es mantener el cuerpo y alma de la ciudad.
-Usted es consultado por periodistas, estudiantes, profesionales y todo tipo de gente. ¿A quién consulta usted?
-Pues yo estoy formado en la Universidad de San Carlos. Además, nuestra formación profesional nos permite siempre ir enriqueciéndonos, y creo que también le he consultado a la sabiduría popular.
-Desde su papel como Cronista de la Ciudad, ¿cómo ve el estado del Centro Histórico?
-Bueno, obviamente hoy podemos decir que el Centro está muy deteriorado o se está acabando. Sin embargo, hemos encontrado una respuesta que lleva varios años por la transformación. Esto da origen al Consejo Consultivo del Centro Histórico, y a partir de entonces empieza a haber directrices para plasmar lo que deseamos que sea el Centro Histórico. De esa manera se van originando políticas tendientes a crear una asesoría municipal; luego, ésta será utilizada institucionalmente a través de Renacentro, para mantener el centro con sus características. Que quede claro que es cierto que el Centro Histórico de Guatemala -la palabra lo dice- es precisamente eso, pero no quiere decir que lo vayamos a ver como algo muerto, porque es parte de la ciudad y ha tenido una evolución de 225 años. En ese sentido queremos ver que el Centro refleje precisamente todo el proceso histórico de la Ciudad de Guatemala a través de lo que sería su arquitectura y sus épocas. Pero tampoco se puede detener al pasado, debe haber un equilibrio dirigido a mantener la atmósfera de este lugar, donde lo más importante debe ser la dignidad de la persona.
-¿A qué cree usted que se deba ese deterioro que sufrió el Centro Histórico?
-Esto es producto del siglo XIX; la Ciudad de Guatemala fue el Centro Histórico desde su establecimiento en La Ermita, hasta el gobierno de Reina Barrios. En este período empiezan a darse los ensanches urbanísticos de la ciudad encaminados a alojar a una nueva clase terrateniente oligárquica que es fruto de la Revolución Liberal. Entonces se crea, por ejemplo, el Bulevar 30 de junio, actualmente Avenida de la Reforma, y las personas de esa nueva élite ya no se ubican en el Centro Histórico, sino que se van para allí. Posteriormente, también la oligarquía tradicional empieza a desalojar el centro de la ciudad buscando los nuevos ensanches del área residencial, que a su vez van cambiando. Por ejemplo, de la zona 9 y 10 se pasó a las zonas 14 y 15, y después a la carretera a El Salvador. Por ello, el Centro Histórico dejó de ser el área residencial de un grupo elevado o de una oligarquía. Eso trae consigo la ocupación de otros sectores sociales. Después, el comercio alto de la ciudad también comienza a cambiarse, a mediados del siglo XX, a los conceptos de los centros comerciales. El Centro empieza a ser ocupado por un comercio menor o informal, y surge un deterioro. Asimismo, hay un cambio en el uso del suelo. Lo que eran a veces grandes casas han sido botadas y convertidas en estacionamientos; otras residencias han sido abandonadas y convertidas en palomares. Lo más importante es que el centro no debe perder su aspecto de habitacionalidad y hay que plantearse un adecuamiento en la calidad de vida.
-Si pudiera mostrarnos su lado visionario como Cronista de la Ciudad, ¿cómo la ve dentro de 40 años?
-Si hoy no se toman medidas, el Centro Histórico sería el estacionamiento de toda la ciudad. Creo que sería también un área de paso. Si no hubiese un ordenamiento visionario urbanístico, la ciudad de Guatemala llegaría a ser una ciudad monstruosa, horrible y desorganizada. Ahora, si se toman las medidas adecuadas, yo miraría el Centro Histórico como el área más atractiva de la ciudad, donde hubiera habitación, comercio, servicios atractivos y cultura. Para evitar que la ciudad se convierta en un monstruo debe tomarse en cuenta la planificación futurista, no para la necesidad del momento.