Vida

Los Papas y el arte

La hegemonía religiosa lograda por Francia obtuvo su consagración en el siglo XIV, cuando el Papado se estableció en la ciudad de Avignon.

A las causas de orden espiritual había que agregar las económicas y las artísticas. Esta hegemonía declinó cuando el en siglo XV los Papas retornan a Roma, dejando en Avignon el suntuoso Palacio de los Papas, que hoy alberga el Museo Picasso.

Los artistas de la época se desplazaban donde había trabajo y dinero, de tal manera que fueron artistas sieneses los que pintaron estos maravillosos murales del Palacio de los Papas. Por esos días Roma decaía, era una ciudad envuelta en recuerdos, desengaños y sueños.

Incluso, para que la confusión fuera mayor, existió un Antipapa (1378-1429), además del Papa, y en 1409 hubo inclusive tres pontífices que se proclamaban sucesores legítimos de Pedro.

Magnífica oportunidad para las rebeliones, motines y saqueos. Roma fue pillada por el mismo rey de Nápoles Ladislao.

Es así como surgió el remunerado servicio de los Condotiere. Nadie podía prever en 1425 que Roma sugeriría, ni espiritualmente ni económicamente ni artísticamente. La Basílica de San Pedro, el Vaticano, los palacios y jardines, sus plazas, todo ese esplendor de la Roma actual surge en aquella época, que buscó casi obsesivamente la belleza que hoy nos conmueve, que aun con la austeridad que la Contrarreforma no pudo contener.

Por espacio de más de dos siglos, Roma fue el orgullo del Pontificado. Los Papas del Renacimiento eran hombres pragmáticos, duros, ávidos de poder y de gloria, al igual que otros príncipes italianos que gobernaban otras ciudades. Roma continuó siendo el centro del mundo cristiano. Después de haber sufrido el castigo de las grandes potencias, la Iglesia deseaba asegurar su independencia infundiendo al Pontificado un gran poder espiritual y político. De esta forma el Papado crecía y se fortalecía.

Pero el resurgir de Roma en el Renacimiento se inició en el campo de la literatura. Petrarca, el humanista, descubrió las cartas de Cicerón, poco a poco fueron apareciendo los manuscritos de Lucrezio de Quintiliano, así como el tratado de la arquitectura de Vitruvio.

(Continúa el próximo martes).

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