En La Antigua seguramente existieron muchos más ejemplos de los restos de los que hoy conocemos. Aunque en la iglesia y convento de la Compañía de Jesús (1717) y San Francisco El Grande, aún puede admirar el elegante estilo renacentista, de lo que hoy queda de estos murales.
El conjunto de la Iglesia del Espíritu Santo en Xelajú sufrió serios daños o su casi destrucción a causa de los terremotos de 1765, salvándose su fachada barroca.
Se inició su reconstrucción en 1889 y en la misa se destruyeron las capillas posas que habían resistido al sismo. En el reciente estudio realizado por el Dr. Luis Luján sobre estos murales apunta: ?En la segunda mitad del siglo XVIII se inicio el gran auge de las construcciones barrocas y ultrabarrocas.
Muchas de estas fachadas debieron tener aspecto verdaderamente sorprendente?.
Esta fachada se le puede situar en el ultrabarroco, es decir su decoración es espléndida, en ella vemos ?derivaciones? de la pilastra abalaustrada serliana, los nichos en forma de estilizadas conchas.
A través de estos ejemplos vemos cómo cambia el concepto de realidad entre el hombre del siglo XVIII y lo que es para nosotros. En la ornamentación, donde vemos lo que es la exteriorización formal de la energía en todas sus aceptaciones.
La presentación mural es la manifestación más clara de la energía decorativa. Por paradójico que parezca, un motivo tanto más decorativo cuanto más vago resulta, pues permite al espectador lo complete con su propia fantasía o su propia cultura.
El ejemplo típico son las ruinas y ofrece, creo, las mejores condiciones para comprender uno de los elementos de la decoración arquitectónica. En esta fachada vemos como el mural encarnándose en un estilo específico, asume apariencias que probablemente el o los artistas no complementaron.
Este mural talvez por su cromatismo o por su dibujo encuentran justificación, en la plástica indígena, los colores, sepias, ocres o rojo bermellón, desvaídos por los siglos que, curiosamente recuerdan el color de los códices. En ellos y a través de ellos es que encontramos su posible origen.
De lo que resta de este mural probablemente la parte más importante son los que se encuentran en el muro del antiguo atrio. Se aprecian seis figuras de indígenas uno coronado, los ojos dibujados como la hacían los indígenas antes y después de la evangelización, los vemos de frente, estando de perfil, existe acuciosidad representativa.
Lo más interesante de este conjunto es el ponderado equilibrio que debió existir entre energía decorativa y energía constructiva. Por los relieves de la decoración barroca, pienso como el color variaba acrecentándose o bien oscureciéndose. En el color con los cambios de luz. Con el estudio de estas pinturas, está abierto para la estética y para la historia rigurosas, bases y metodología y también hacia el horizonte de la fantasía.