Consumo de carne debe ser moderado

Ante el anuncio divulgado la semana última por la Organización Mundial de la Salud (OMS) acerca de que el consumo diario de carne procesada —como embutidos— puede desarrollar cáncer, es importante  moderar los alimentos  que se comen, para que   este tipo de productos no predominen en la dieta,  pero sin  evitarlos.

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La OMS alerta de que el consumo de carne procesada es cancerígeno. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)
La OMS alerta de que el consumo de carne procesada es cancerígeno. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

Esa es la principal recomendación de la nutricionista Doris de Villagrán, de la Liga Nacional contra la Obesidad y el Sobrepeso, en El Consultorio, programa que se transmite por www.prensalibre.com, quien explicó ayer que el problema es que las personas se vuelven  vulnerables a este riesgo si los consumen dos o tres veces al día.

Evidencia

Estudios desarrollados por 22 expertos de la agencia de investigación de la OMS en  10 países, concluyeron que 50 gramos de carne procesada consumida al día incrementa el riesgo de padecer cáncer colorrectal en 18 por ciento.

El problema es que cuando a la carne roja la ponen en conserva para prolongar su vida útil al deshidratarla, ahumarla o salitrarla, le agregan componentes químicos como estabilizantes, colorantes y preservantes, que pueden favorecer la mutación del ADN celular que da origen a la carcinogénesis, explicó Villagrán.

Las células tienen la capacidad de proliferar y morir, pero si no lo hacen de manera adecuada se produce  carcinogénesis, que consiste en la división descontrolada celular y que afecta a los órganos.

Entre las sustancias químicas que se le añaden a las mezclas de tejido animal —piel, cartílago o sangre— para preparar embutidos están  el benzoato de sodio o cloruro de sodio.

Villagrán aconseja limitar el consumo de embutidos  a solo dos veces a la semana, y sustituirlos, por ejemplo en las refacciones, con  frijol, queso no procesado, claras de huevo o pechuga de pollo.

¿Y la carne roja?

La OMS también señaló que el consumo de carne roja “probablemente” aumenta el riesgo de desarrollar cáncer. Sus estudios sugirieron que 3.5 onzas —cien gramos—  de esta al día aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de colon en un 17 por ciento.

La nutricionista expuso que esta es rica en grasa saturada y tiene alto contenido de nitratos, además de que es difícil de digerir, lo que incrementa la putrefacción de compuestos secundarios tóxicos,  causantes de estreñimiento. Por ello, su ingesta debe ser de no más de dos veces por semana.

Vida integral sana

Si se quiere tener una mejor calidad de vida, De Villagrán recomienda:  alimentación equilibrada,  tener cinco tiempos de comida, consumir dos porciones de fruta al día y tres o cuatro, de vegetales —ricos en antioxidantes—,   evitar el alcohol, el tabaco, dormir bien y hacer actividad física diaria.

¿Cuánto?

Hay que diseñar un menú  para consumir solo  dos o tres días proteína animal —carne blanca (aves o pescado) o  roja—.  Los demás días, platillos en los que se combinen quesos —no procesados sino frescos—, claras de huevo y proteína vegetal:  tofu, frijol, lenteja o garbanzo, estos últimos acompañados con cereales (arroz o maíz).

Cantidad ideal

Un adulto no debe exceder los cien gramos —3.5 onzas— de carne blanca o roja al día, que equivale a la cantidad que cabe en la palma de la mano. Se aconseja degustarla en guisados  y no frita o asada. Este último proceso de cocción libera sustancias  tóxicas o cancerígenas para el organismo.

Otros riesgos 

La OMS clasificó a la carne roja como probablemente cancerígena. Este no es el único riesgo  de consumirla de  manera desmedida, ya que también puede  elevar el ácido úrico y los  niveles de lípidos —colesterol y triglicéridos—, favorecer el estreñimiento o agravar los síntomas de la migraña.

Sin carne, hay cáncer

Hay personas que aunque  llevaban una dieta baja en carne y rica en verduras y frutas desarrollaron cáncer. Existen muchas otras circunstancias que lo producen como predisposiciones genéticas —antecedentes familiares—, consumo de alcohol, tabaquismo o el contacto con sustancias químicas.

Adaptar dieta mediterránea

En esta prevalecen los lácteos, la carne magra —aves y pescados—, frutas, vegetales, semillas y aceite de oliva. Este último debe consumirse crudo —en ensaladas, por ejemplo— y no para preparaciones cocidas, porque al calentarlo a siete grados centígrados, desprende acroleína, una sustancia tóxica.