¿Es aceptable tratar a nuestras mascotas como humanos?

Sentir afecto y procurar el bienestar del perro o gato no significa olvidarse de que es un animal y que debe manifestar su conducta natural.

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La persona debe permitirle a su mascota manifestar sus comportamientos innatos y no tratarlo como otro ser humano. (Foto Prensa Libre, Shutterstock)
La persona debe permitirle a su mascota manifestar sus comportamientos innatos y no tratarlo como otro ser humano. (Foto Prensa Libre, Shutterstock)

Kimberly despierta junto a su caniche Muñeca e inmediatamente cepilla con esmero su pelaje. Elige uno de los casi 50 trajecitos que le ha comprado a su perra y la viste con él. Luego, toma dos listones del color que combina con la vestimenta y le coloca uno en cada oreja. Después, la sienta en la mesa a desayunar con ella y le pone un babero para que no se manche. Al terminar, le limará y pintará las uñas y la sacará a pasear, sentada en un carruaje.

Escenas como esta se pueden observar cada vez con mayor frecuencia, en las que el dueño de la mascota difumina la línea que separa el comportamiento natural del animal y lo obliga a actuar como ser humano, pero, ¿es correcta esta forma de relacionarse con el perro o el gato?

“Aunque es innegable las similitudes biológicas que el ser humano tiene con otros animales vertebrados y mamíferos, es común querer identificar gestos, emociones y actitudes que nos son familiares en nuestras mascotas”, expone la médica veterinaria Vanessa Granados Barnéond, catedrática de Bioética, Legislación, Investigación y Pensamiento Científico y Fisiología Animal, en la Universidad del Valle de Guatemala.

“Esta conducta se denomina antropomorfismo y es, posiblemente, una característica de nuestra empatía y forma de entender el mundo. Sin embargo, al no conocer la etología de la especie, corremos el riesgo de tergiversar por completo su comportamiento”, dice la veterinaria, quien recuerda que entre las cinco libertades del bienestar animal está permitirles manifestar sus comportamientos naturales.

Atender a un perro como a un niño podría ser catalogado como maltrato, porque es incierto que el animal desee ser tratado de esa forma, además de que se vulnera su instinto”, explica el psicólogo Antonio Rivera, coordinador del Grupo de Psicólogos, Consejeros y Motivadores de Guatemala.

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Causas

Cada vez más, las conductas son extremas, al grado de que hay personas que prefieren relacionarse con sus mascotas que con personas, evitan su presencia e, incluso, no quieren tener hijos, expone Rivera. Este fenómeno nació en Estados Unidos en la década de 1960, cuando se les comenzó a dar categoría humana al perro, gato y otros animales, el cual fue asimilado en nuestra cultura, afirma. La clase media alta en ese país contrata personal latinoamericano para que los atiendan y cuiden; un trabajo bien remunerado porque es el equivalente de cuidar a un niño.

Brindarle los cuidados necesarios a la mascota es un acto que expresa bondad, virtud de los seres humanos, pero el comportamiento colindante con lo psicopatológico aparece cuando se piensa que el animal es otro ser humano y se le trata como tal. También, cuando se prefiere la compañía del perro o gato que a la del ser humano, al justificar que los animales no traicionan. “Esta condición no se puede admitir dentro de los parámetros sanos de la personalidad, pues, en realidad, es un mecanismo de defensa y una justificación de no soportar la incapacidad de construir relaciones con seres humanos”, expone Rivera.

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Esta conducta se considera un trastorno obsesivo-compulsivo, al querer de manera exagerada al animal, o trastorno borderline o disociativo de la personalidad, al confundirlo con persona, dice.

La falta de amor propio y el vacío existencial son factores decisivos que desencadenan esta conducta, indica Rivera, quien agrega que de no tratarse este trastorno, pueden generarse consecuencias como pérdida del altruismo entre humanos, estancamiento evolutivo —la persona no tiene amigos, no se casa y no tiene hijos—, permanencia en estado de evasión de la realidad, aumento de los trastornos mentales y emocionales, y desequilibrio de la salud mental, pues “criar” a un perro como niño activa mecanismos de fantasía.

“Si no nos tomamos el tiempo para entender el comportamiento natural y necesidades de cada especie, se corren riesgos, como enseñarle a las siguientes generaciones una mala tenencia animal, y que la mascota, probablemente, compita por espacios o presente problemas de conducta, difíciles de modificar”, señala Granados. También, pueden desarrollar inestabilidad que se manifieste con ansiedad y/o agresividad. “Cuando un perro o gato aprende cosas que van en contra de su naturaleza, se confunde. Esto le genera estrés y, posteriormente, problemas de adaptación, Además, corre el riesgo de ser abandonado, o de manifestar problemas de salud como obesidad o mala nutrición”, afirma.

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Tratamiento psicológico

  • El psicólogo Antonio Rivera brinda estas recomendaciones para tratar a la persona que humaniza a su mascota:
  • Solo una campaña masiva de salud mental puede despertar la conciencia y equilibrar la personalidad.
  • No temer entablar contacto con seres humanos, con sus vaivenes de momentos dulces y amargos.
  • Saber vivir en sociedad. Desde niños, los padres deben fomentar en ellos la socialización.
  • No huir de la realidad ni de la verdad. Se rechaza a la psicología porque le dice al ser humano la verdad de su condición y eso es doloroso. Sin embargo, hay que crecer emocionalmente para comprender que primero está otro humano que un animal.
  • El equilibrio se logrará cuando la persona sea capaz de estimar a los seres humanos, socializar con ellos, soportar las discrepancias y, además, sea responsable con sus mascotas, al brindarles afecto y cuidados idóneos, pero debe aceptar que pertenecen a otra especie.

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