“De este modo, causa dolor, su principal síntoma, y más tarde produce limitación funcional de la rodilla, deformidad, crujidos articulares e, incluso, rigidez”, agrega.
Para combatir esta afección, el especialista hace hincapié en dos pilares básicos: practicar ejercicio físico y evitar la obesidad. Asimismo, los fármacos constituyen un aspecto fundamental en el tratamiento de esta patología. Analgésicos y antiinflamatorios controlan el dolor y los episodios de inflamación articular, mientras que los condroprotectores evitan la degradación del cartílago.
No obstante, “en casos más avanzados, en los que existe un dolor severo y una limitación funcional importante, la cirugía puede mejorar la calidad de vida del paciente, mediante la implantación de una prótesis de rodilla”, detalla.
Diferencias
Pese a que estas dos enfermedades tienen nombres similares, sus efectos no lo son. El dolor de la artrosis se desencadena con el movimiento y se alivia con el reposo. El dolor de la artritis se incrementa con el reposo y mejora levemente con los movimientos de la rodilla, afirma el especialista.
Además, “las personas que sufren artritis, con el paso de los años, también pueden padecer artrosis, debido a la degeneración de sus articulaciones”, apunta.
Las rodillas pueden verse afectadas por otros males, como la artritis reumatoide, la espondiloartritis, la gota, entre otros casos. Pero, además de estas patologías de carácter crónico, las rodillas pueden resentirse debido a distintos tipos de lesiones.
Los ligamentos pueden sufrir distensiones, elongaciones y roturas, que necesitarán un tratamiento quirúrgico. Los tendones se inflaman y originan tendinitis. Esta afección causa “un dolor importante y se vuelve crónica si no se trata de manera inmediata”, advierte el médico.
Practicar ejercicio físico de manera habitual fortalece la musculatura de la rodilla, sobre todo la extensora, y en especial los cuádriceps.
“Cuanto más tonificado y fuerte esté ese músculo, menos probabilidades tendremos de sufrir cualquier tipo de lesión en nuestras rodillas”, afirma Castaño. Para ello, el reumatólogo recomienda nadar o pasear.