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Por Anibal Chajón El recorrido del beato Se cuenta que, todas las noches, Pedro de Betancur salía por las calles buscando enfermos. Con el ritmo de una campanilla, recitaba en las esquinas de la ciudad de Santiago de Guatemala: "acordaos hermanos que un alma tenemos y si la perdemos, no la recobramos". Hoy en día es posible hacer un recorrido por los ámbitos que visitaba el Hermano Pedro en la ciudad, llamada ahora Antigua Guatemala. Se sabe que el beato llegó a la ciudad por el puente del río Pensativo, por donde ahora se accede a la urbe, residió en el área de El Calvario y también se sabe el punto donde estaba ubicada la casa donde empezó a realizar su labor.
En una esquina del sudoriente de la ciudad, en la actual Calle del Hermano Pedro, estuvo esa casa. Una vieja estructura de aspecto descuidado, con una lápida inscrita, comunica al visitante que allí inició su labor por los desamparados. El color rosáceo de los muros poco indica del que fuera el primer Hospital de Convalecientes, aunque pueden verse las jambas y el dintel de piedra que sirvieron en alguna ocasión de ingreso a la casa. Para continuar por los pasos del beato sólo es necesario cruzar la calle y caminar por la llamada Plaza de la Paz. En ella una escultura del artista guatemalteco Rodolfo Galeotti Torres, realizada en 1986, representa al Hermano Pedro en actitud de tocar su campanilla. La plaza es un preámbulo a dos espacios sagrados, el que fuera el templo de Nuestra Señora de Belén, sede del instituto religioso fundado por Betancur, y el Beaterio de Belén, la versión femenina de la orden y que en el siglo XIX fue llamado Santuario de Guadalupe. Ambos edificios fueron erigidos con posterioridad a la muerte del Hermano Pedro.
El templo de Belén
En la parte oriente de la plaza, está el templo de Belén, construido por uno de los más importantes arquitectos de la ciudad, Joseph de Porres. El edificio que puede verse en la actualidad es del más puro estilo manierista y fue producto de donaciones. Porres erigió la obra, entre 1673 y 1677, y fue el responsable de otras construcciones importantes de la ciudad, como la Catedral, San Pedro, Santa Teresa, la Compañía de Jesús y La Recolección. La participación del arquitecto evidencia la importancia que la obra del Hermano Pedro estaba tomando entre los pobladores de la ciudad de Santiago, ya que el templo de Belén tuvo un costo, según el cronista Vásquez, de más de 55 mil pesos.
Una ciudad con pobres
Cuando el Hermano Pedro comenzó su labor, la ciudad era una amalgama étnica. Varios pueblos rodeaban al núcleo urbano que constituía la ciudad de Santiago, estaban poblados por personas de origen indígena, pero habían sufrido muchas epidemias que diezmaron a la población. En contraste, el centro estaba habitado por personas de origen español, pero eran una minoría, ya que la mayor cantidad de la gente era descendiente de los esclavos de origen africano que atendían a las grandes residencias de los criollos. Cuando las personas de origen africano lograban la libertad, se dedicaban a oficios artesanales y buscaban sus residencias en los barrios o pueblos de indios, cuyas propiedades eran más económicas que las del centro, ya fuese en alquiler o venta. Esa era la situación de los barrios de San Francisco y Santa Cruz, donde empezó a funcionar el Hospital de Nuestra Señora de Belén.
Si los muros hablaran El edificio que los visitantes pueden observar guarda sus propias historias. El hospital recibió al más poderoso de sus visitantes en 1672. Se trataba del ex Presidente de la Audiencia, Gobernador del Reino de Guatemala y Capitán General de los Reales Ejércitos de Su Majestad, don Sebastián Álvarez Alfonso Rosica, señor de la Casa de Caldas y Regidor de la ciudad de León. Este caballero había llegado al Reino en 1667, precisamente el mismo año en que falleció el Hermano Pedro y asistió al entierro del beato.
Según los documentos de su Juicio de Residencia, Caldas aprovechó su posición en el gobierno para colocar a sus parientes en posiciones privilegiadas y participar personalmente en el contrabando de mercaderías con Perú, por esa razón fue depuesto, en 1670. Para entonces, Caldas había ordenado la demolición de la Catedral y cuando fue depuesto la construcción estaba muy adelantada, justamente por el mismo arquitecto que trabajó en la iglesia de Belén. La salud de Caldas se resintió después de iniciado el juicio y en 1672, fue llevado al Hospital de Belén, al que había hecho varias donaciones, donde falleció, en enero del año siguiente. Con la presencia de Caldas en el Hospital, muchas personas acaudaladas favorecieron las construcciones. Uno de los sobrinos de Caldas fue el fundador de una de las familias aristocráticas de Guatemala, Sancho Álvarez de las Asturias. Pero el recorrido del Hermano Pedro iba más allá del financiamiento de sus obras, por eso las mujeres fueron incorporadas en la labor de servicio de la orden, razón por la que se encuentra, en el lado sur de la Plaza de la Paz, el templo del Beaterio de Belén. En fotografías en blanco y negro de principios del siglo XX, puede verse la hornacina del templo del Beaterio en la que no aparece la escena de la Natividad que ahora ornamenta la fachada de la iglesia, aunque ya se puede observar el estilo barroco del edificio.
Los primeros pasos El Hermano Pedro empezó su labor a pocas cuadras del Hospital de Belén. Si el viajero actual camina por la calle que surge frente a la Plaza de la Paz y camina una cuadra se encuentra en la Calle de los Pasos, al doblar hacia el norte, a dos cuadras está el templo del Convento de San Francisco, donde atendió a los primeros enfermos.
Un atrio limitado por un muro recibe al visitante por dos ingresos, la puerta del norte es de estilo renacentista, mientras que la del poniente es de un soberbio estilo barroco, con columnas salomónicas. Tras ingresar al atrio, se puede contemplar el templo de San Francisco El Grande, cuyas columnas salomónicas flanquean las hornacinas donde los santos de la Orden de Frailes Menores, labrados en estuco y policromados, observan al devoto que visita la tumba de Pedro de Betancur, incluso una efigie del beato, realizada en el decenio de 1960 está en la fachada. El templo fue reconstruido en la misma década, ya que recibió muchos daños con los seísmos que destruyeron la ciudad en 1773 y otros en años posteriores. Sin embargo, la nave lateral parece haber estado en funcionamiento sin interrupciones, precisamente porque allí recibió la sepultura el beato. Cuando Betancur llegó a Santiago quiso pertenecer a la orden franciscana, por lo que recibió el hábito de la Orden Tercera, o seglar, y por ello fue sepultado en el ámbito sagrado de los franciscanos.
En 1990, los fieles costearon la apertura de una capilla donde se construyó un monumento para veneración de los restos del beato sin interrumpir con las celebraciones religiosas en el interior de la iglesia y para cumplir el deseo del beato de ser depositado en esa área. Una estructura de concreto, decorada con páneles de madera con escenas de la vida del Hermano Pedro, aloja sus restos mortales y permite que los fieles expresen su devoción en los cuatro costados. Además, un vitral alude a la muerte del beato e ilumina la estancia. El monumento se inspiró en el mausoleo de San Francisco, en Asís, y el vitral en El entierro del Conde de Orgaz, de El Greco. Esta capilla remata el brazo norte del transepto, mientras que el extremo opuesto se encuentra el acceso al actual Museo del Hermano Pedro, donde por poco dinero se puede entrar a visitar algunos objetos relacionados con Betancur, como la caja de madera donde estuvieron sus restos entre 1817 y 1980, la campanilla que usaba para llamar la atención de los habitantes de Santiago de Guatemala, el rosario y decenario, una bolsa, una pandereta para las celebraciones de Navidad, un sombrero donde llevaba la imagen del Niño Dios, su silla, la calavera que utilizaba para meditar sobre la brevedad de la vida, un zapato, su ropa de cama e interior, hábito y capa. Además, cientos de exvotos proclaman el agradecimiento de las personas a la intercesión del Hermano Pedro en curas milagrosas, muletas de diferentes tamaños, placas y fotografías constituyen la mayoría. Por razones de espacio y presupuesto todas estas muestras de gratitud no pueden tener la visibilidad necesaria y muchos objetos del museo están en peligro de deterioro. Cuando visite el Museo no tome fotografías, ya que está prohibido.
Curando enfermos El deseo de servir a los enfermos de escasos recursos le surgió a Betancur mientras estuvo internado en el Hospital Real, situado al sur del Convento de Santa Catalina, según el investigador José Mobil. Su permanencia en el hospital le permitió observar cómo muchas personas sanaban pero no tenían dónde recuperarse y volvían a enfermar o morían.
El recuerdo del paso de Betancur por los hospitales de San Alejo, en las inmediaciones de la iglesia de Candelaria, según Mobil, y el franciscano, que es una casa particular, puede atisbarse al visitar el Hospital de San Pedro, terminado por el arquitecto Joseph de Porres en 1662. Para llegar a él, el viajero debe salir del atrio de San Francisco por la 7a. calle poniente y caminar dos cuadras hacia el occidente. Una fachada barroca, flanqueada por columnas salomónicas y coronada por una imagen de la Virgen de la Asunción era el ingreso original. Ahora, el ingreso se hace por el atrio del templo, reconstruido en el siglo XIX. Un gran rótulo indica el ingreso al centro hospitalario que atiende a personas sin recursos económicos, conseguido para tal efecto por el franciscano Guillermo Bonilla, en 1980, con el título de Obras Sociales del Hermano Pedro. Alrededor de 220 personas, de diverso origen y edad, viven y reciben atención en el lugar, mientras que los médicos, voluntarios, examinan un promedio de 60 pacientes y realizan alrededor de 20 cirugías diarias. El área de mujeres alberga personas con síndrome psiquiátrico y con discapacidad física, lo mismo que el de varones, ancianos y niños, además ofrece una unidad para recuperar bebés que padecen desnutrición, por varios meses, antes de ser sometidos a cirugía. Gracias a diversas donaciones, el Hospital está en fase de construcción que permitirá atender mejor a los pacientes. La visita al Hospital para el público es limitada, ya que no cualquier persona puede ingresar a las instalaciones que requieren de la asepsia correspondiente, pero puede ver el pasillo de espera donde se han colocado dioramas con algunas de las escenas de la vida del beato, como las curaciones que realizaba a una enferma con llagas (y cuya casa adquirió el Hermano para fundar el Hospital), la liberación del Hospital de Belén de una plaga de ratones, su costumbre de meditar bajo una escalera, cargar a los enfermos para llevarlos a convalecencia y la práctica de acompañar a la procesión de Jueves Santo, que se realizaba después de las 21:00 horas, con una cruz a cuestas.
Los más despreciados En la ciudad de Santiago de Guatemala hubo una comunidad de leprosos, quienes vivían en el extremo poniente de la urbe, en las afueras, en lo que se conoce como el lazareto, donde ahora está la iglesia y cementerio de San Lázaro, establecido hacia 1638. El templo, con un ábside barroco, es el centro de atención del lugar. A un lado del altar se encuentra una imagen del Hermano Pedro.
Poco puede imaginar el visitante actual de las condiciones de vida que llevaban las personas en el siglo XVII que padecían de lepra, pero que necesitaban tanta atención como cualquiera, precisamente porque era una enfermedad incurable, ya que no se conocía el origen de la misma y no había tratamiento eficaz. Por eso necesitaban de atención, que les brindó Betancur, según la crónica de Vásquez. Para llegar a la iglesia de San Lázaro se camina por la alameda que comunica la calle con el atrio y se pueden admirar los mausoleos de siglo y medio que muestran el amor de los vivos por los difuntos. De regreso al camino del Hermano Pedro, puede seguirse por la 5a. calle poniente, pasar por la iglesia de San Agustín, que fue la misma que pudo ver Betancur pues ya estaba construida cuando él caminaba por las calles de Santiago de Guatemala. Dos cuadras más adelante está la Plaza Mayor y el viajero puede pasar bajo el pórtico arcado del Real Palacio, levantado a finales del siglo XVIII, y el costado de la Catedral, cuya construcción pudo ver el beato ya que cuando llegó a la ciudad aún estaba la vieja iglesia construida por órdenes del obispo Francisco Marroquín y que demoliera el Presidente Caldas. Al llegar a la 2a. avenida sur es necesario doblar hacia el meridión de nuevo, en busca del templo franciscano una vez más.
Por el camino de la cruz
El beato de las Canarias era devoto de la Natividad, por ello su orden lleva el nombre de Nuestra Señora de Belén, pero también de laPasión. Según las tradiciones de la ciudad, el Hermano Pedro era practicante del rezo del Vía Crucis, por lo que participó en las oraciones que se realizaban en la Calle de los Pasos. En cada estación, durante la Cuaresma y Semana Santa, se rezaba una parte del Vía Crucis, que recorría el beato desde el templo franciscano hasta la iglesia de El Calvario. Cada estación numerada es una evidencia del paso del beato. Al salir de la ciudad se pasa por lo que fuera el cauce del río Pensativo y se inicia la Alameda del Calvario, que culmina en el templo que recuerda el lugar de la muerte de Jesucristo. En el interior del recinto, en el atrio, el beato sembró un árbol de esquisúchil, el que se ha convertido en verdadero objeto de culto, ya que muchas personas afirman que les ayuda en las curaciones de diversas enfermedades. Según la tradición el árbol fue sembrado el 19 de marzo de 1657. La devoci_n creció a tal punto que otro árbol fue sembrado en el atrio de San Francisco, el 21 de septiembre de 1991.
En el interior del templo de El Calvario se encuentra un Crucificado que es el que veneraba el Hermano Pedro durante sus reflexiones sobre la muerte de Jesucristo, quien fue en definitiva el modelo que intentó imitar Betancur durante su vida dedicada al cuidado físico y espiritual de los más necesitados. La escultura fue tallada por el artista Pedro de la Rosa, entregada al templo el 8 de febrero de 1657 y encarnada por el pintor Antonio de Montúfar, el mismo artista que plasmó la imagen de Betancur que puede verse en el Museo del Hermano Pedro, en San Francisco. El investigador Mario Ubico localizó, durante la restauración de la efigie de más de dos metros de alto, un documento que indica que la escultura fue entregada "siendo moradores [de El Calvario] los hermanos Pedro Betancur y don Pedro Ubierna". Por esa razón, la imagen se conoce como Cristo del Hermano Pedro. En la construcción del templo de El Calvario, cuyo primer edifico se levantó entre 1652 y 1655, participó el propio Betancur. Aunque la iglesia que puede observarse en la actualidad es del siglo XVIII. En suma, todas las calles de la ciudad guardan un poco del recuerdo del Hermano Pedro, en especial aquellas donde vivían los más pobres, pero el verdadero recuerdo lo mantienen los devotos, quienes conservan la creencia de que su intercesión ante el Ser supremo les concede la salud. Millares de exvotos antiguos han desaparecido, otros más modernos están apilados en distintos lugares, pero el cariño de la gente y la sinceridad de su fe está viva y continúa de generación en generación.
En la ciudad de Santiago de Guatemala
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