Comunitario

Hogar Seguro: Donante confirma que parecía prisión

Una donante que trató de apoyar al programa ocupacional sustentable para los niños y adolescentes del Hogar Seguro Virgen de la Asunción relató en entrevista con Prensa Libre cómo esa casa funcionabamás bien como una cárcel. Al menos hasta noviembre último.

Por Geldi Muñoz y Glenda Sánchez

Según una testigo, los baños están en malas condiciones y no hay privacidad en las duchas. (Foto Prensa Libre)
Según una testigo, los baños están en malas condiciones y no hay privacidad en las duchas. (Foto Prensa Libre)

Durante varias visitas y convivencia con algunos menores, la testigo, quien no se identificó por seguridad, observó una serie de incongruencias respecto del fin primordial del albergue: la protección de menores vulnerados en sus derechos.

Los menores eran mantenidos bajo controles estrictos. “Más que hogar parecía una prisión”.

La donante reveló que el hecho de que a las colchonetas de esponja les falten pedazos tiene una explicación: las menores los usaban como toallas higiénicas cuando no tienen. Además, casi no cuentan con ropa interior.

“Casi nadie dona ropa interior o toallas sanitarias. Cuando uno le pide a la gente se queda como sorprendida, cuando es una necesidad y artículos básicos”, afirmó.

La persona narró que en el hogar había cinco lavadoras y dos secadoras para todo el complejo; pero solo dos lavadoras funcionaban, a veces.

“Había cinco señoras que se dedicaban a lavar la ropa de todos, y cuando no funcionaban las máquinas lo debían hacer a mano”, relató.

Agregó: “Un día les pregunté a las señoras que lavan cómo sabían de quién era la ropa y me respondieron que era poca y que los niños no tienen ropa propia; por eso se ponen la que esté disponible. ¡Se imagina, no tienen ni sus propios calzones!”.

Comentó que algunas adolescentes lavaban su ropa ellas mismas, pero lo hacían para cuidarla.

Medicados

La entrevistada comentó que algo que le llamó la atención fue que a muchos de los menores les suministraban fármacos psiquiátricos. “No sé si lo hacían para mantenerlos tranquilos”, indicó.

Explicó que en el caso de los niños, ya que son más manejables porque tienen la capacidad de adaptarse. “Si los tienen encerrados están bien y si los sacan a jugar, igual”, enfatizó.

Lo contrario sucede con los adolescentes, ya que son más agresivos; sin embargo, lo son más las mujeres, pero no siempre, sino algunas veces, como si quisieran mostrar alguna frustración, señaló.

La donante refirió que el trato de algunos monitores o tutores hacia los varones era distinto que hacia las mujeres. En algunos había como un acercamiento amigable, pero sospechoso con las jóvenes.

Recordó que en algunas ocasiones trató de hablar con las adolescentes sobre si era cierto que monitores cometían abusos sexuales, pero nunca se lo confirmaron.

“Lo que vi fue malos tratos, como que una adolescente le jaló el cabello a una monitora y esta reaccionó de la misma forma. Cuando les pregunté a otras internas dijeron que así era allí”, indicó.

La donante señaló que también le llamó la atención que algunas adolescentes resultaban embarazadas en el albergue. Al pedir explicación le dijeron que ellas se salían. Ella dudó de lo afirmado.

Refirió que a los varones los trataban como si estuvieran en el Ejército, ya que los ponían a hacer ejercicios.

La donante dijo que los niños que tenían alguna orientación homosexual eran maltratados por los tutores o los excluían.

Relató que entre los trabajadores del Hogar hay quienes lo hacen por necesidad y otros porque les gusta su labor y se quedan más tiempo. Pero también están quienes buscan sus intereses, entre ellos los que ocupan altos cargos, manifestó.





Frustración

Sin resultado

Marielena García, madre de Joselyn Maricela García Flores, de 16 años, pasó más de ocho horas frente al hogar  para que le informaran sobre el estado de  salud de la menor. A las 14 horas aún no tenía ninguna noticia. “Estoy aquí desde hace ratos. Ahora salen con que no está”, lamentó.

Denuncia

“¡Quiero a mi hijo!

“Yo quiero a mi bebé. Sé que este lugar no es seguro.  Estuve aquí,  me golpearon cuando estaba embarazada y uno de mis gemelos murió”, narró entre el llanto Kimberly Yajaira, de 18 años.  Agregó: “Nos violaban, agredían y nos desnudaban cuando ellos querían”.

La llamada

“Me la llevo”

“Si encuentran amor en casa, las niñas no tendrían que estar aquí. Yo hoy me llevó a mi sobrina. Sé que está bien porque anoche me llamó”, afirmó Reyes Nohemí López Jiménez.

Ella viajó desde Zacapa para recoger a su sobrina, de 16 años, quien fue internada este año.

Sobreviviente

“Estaba con llave”

Geovany Castillo  contó a la agencia de noticias AP que su hija, de 15 años, sufrió quemaduras  y sobrevivió casi de milagro.

“Dice mi hija que el lugar estaba cerrado con llave.  Y que se salvó porque puso una sábana mojada sobre ella”, relató.