Migrantes

La aldea que es ejemplo de prosperidad por medio de remesas

Cooperativismo ha promovido el ahorro y la inversión de remesas para generar más ingresos a las familias. Coordinación es ejemplo de alianzas.

Por Henry Estuardo Pocasangre

La construcción de viviendas es un logro de las remesas enviadas por las personas en el extranjero. (Foto Prensa Libre: Paulo Raquec)
La construcción de viviendas es un logro de las remesas enviadas por las personas en el extranjero. (Foto Prensa Libre: Paulo Raquec)

La organización, ahorro e inversión caracterizan a Chuatroj, una aldea de Totonicapán que desde 1995 ha visto cómo los jóvenes migran a EE. UU. para alcanzar el sueño de tener un empleo.

Quienes han logrado llegar comenzaron a enviar remesas y   ayudar a sus familias, quienes han logrado invertir y prosperar. Primero construyeron sus casas de bloc, para alejarse del tradicional adobe y láminas;  mandaron a los niños a la escuela y algunos invirtieron  en negocios. De esa forma la aldea comenzó a cambiar y la migración aumentó.

Fue en el 2003 cuando  tres personas lograron  formar una cooperativa. La intención era que el dinero de las remesas no fuera solo “gastado”, sino  se pudiera  ahorrar, invertir y generar ganancias. El fin fue el apoyo mutuo.

“Muchos viajan a EE. UU. y mandan remesas, y se usan para todo. Ahora nosotros las recibimos y las personas confían porque queda como un ahorro”, explicó José Israel Alonzo, gerente de negocios de la cooperativa El Progreso, el modelo de gestión que ha ayudado a emprender a Chuatroj y dejar la pobreza.

Para quienes residen en EE. UU. y las familias en Chuatroj la cooperativa juega un papel importante: da préstamos, abre cuentas de ahorro, paga remesas e incluso cobra los servicios básicos como agua y teléfono, todo bajo la administración de las autoridades comunitarias, en beneficio de todo el poblado.

La cooperativa agrupa  al menos al 80 por ciento de los habitantes, tiene unos tres mil asociados y las ganancias se invierten en mejorar  servicios básicos como el sistema de alcantarillado y agua entubada.

Chuatroj está organizada por un consejo de autoridades comunitarias que administran los servicios y delegan responsabilidades en la población. (Foto Prensa Libre: Paulo Raquec)
Chuatroj está organizada por un consejo de autoridades comunitarias que administran los servicios y delegan responsabilidades en la población. (Foto Prensa Libre: Paulo Raquec)

Al caminar por Chuatroj se observan varios centros de computación e internet,  ferreterías, comedores, abarroterías y hasta su propio sistema de transporte público, que conecta con Salcajá y la cabecera de Totonicapán.

“En los últimos años ha habido más salidas a EE. UU, a pesar de que Donald Trump dijo que no se puede cruzar la frontera”, cuenta Alonzo, quien reconoce que algunos de los préstamos que gestionan son para pagar coyote, para el viaje ilegal.

Quienes no quieren viajar piden financiamiento para construir su vivienda, abrir comercios, invertir en agricultura y para prestar servicios en la aldea.

Desarrollo

Los servicios de educación pública son bajo el modelo de cooperativa y ofrecen  primaria, básicos y diversificado.

Chuatroj tiene en su territorio una montaña que los provee, entre otras cosas, del agua que consumen, y uno de los ejemplos de la organización que han logrado es que cada año invierten más de Q120 mil en la protección del recurso. La aldea, que es parte de los 48 cantones de Totonicapán, tiene un consejo de autoridades  que administra los fondos que produce la comunidad.

El Consejo se rige por un reglamento que ha sido modelo para otras aldeas, incluso rinde cuentas a la población cada seis meses, en un informe.

Opinión

Tiene sentido progresista

Se diferencia de otras aldeas por su organización, que privilegia el consenso de las decisiones y la educación.

Es un lugar con poca inversión estatal, y lo que tienen es por autogestión comunitaria. Hay financieras propias, lo que ha generado un ahorro que se invierte en el lugar y permite que las remesas se usen para el desarrollo de la comunidad.


Jacobo Dardón, investigador de Incedes

“Antes todo era de adobe y madera. Cuando comenzaron las remesas todo vino a cambiar”, cuenta Andrés Saquic, alcalde comunal. Otro cambio, recuerda, es  que había personas que no tenían dinero ni para vestirse, y eso ya cambió.

Andrés Vásquez es un retornado de EE. UU. que vive en Chuatroj y es parte del Consejo. Su historia es similar a la de todos los que se van: viajó en autobús hasta México y después en varios transportes para llegar al límite estadounidense hasta  cruzar la frontera.

“Yo pasé el desierto hasta llegar a Houston, crucé el río Bravo”, cuenta. Ahora es uno de los guardianes de la montaña. Tiene a su esposa e hijos con él. “Irse queda a criterio de cada uno; el riesgo no falta”, refiere.

Buscando nuestro propio norte

Más historias como la de esta comunidad serán expuestas y analizadas en la Cumbre de Migrantes y Retonarnos "Aquí y allá, somos comunidad" que se realizará el 20 y 21 de octubre en el Centro Intercultural de Quetzaltenango (antigua zona militar 17-15) y donde autoridades, migrantes, grupos pro migrantes y empresarios plantearán acciones que permitan mejor desarrollo local y regional.

La cumbre busca ser un punto de partida para articular organizaciones que trabajan con migrantes y descubrir posibilidades de cómo usar la migración para el desarrollo local, tomando en cuenta que las remesas sostienen gran parte de la economía del país.

La cumbre es organizada por Socialab, una organización de innovación y emprendimiento social que busca, acompaña e impulsa a gente con ideas de negocio que solucionen de forma distinta los problemas de siempre, y que se enfoca en acompañar a personas, cooperativas o comunidades que tienen ideas o modelos de negocio que puedan revertir o mitigar problemáticas sociales, entregando capital semilla y brindando asesoría para desarrollar proyectos sostenibles.