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22/08/10 - 00:52 Comunitario

Xincas mantienen viva su tradición

Aunque la cultura xinca desaparece por la transculturización y la despreocupación del Gobierno por promoverla, en Jumaytepeque aún persisten tradiciones que hacen singulares el enamoramiento y casamiento de las parejas.

El vecino Gumersindo Hernández explicó que cuando un joven se enamora y espera ser correspondido, deja su sombrero por donde pasa la mujer pretendida, si esta lo recoge y se lo devuelve amablemente, significa que lo acepta.

“Esta es una costumbre que ya no es de práctica general, pero que muchas familias la conservan”, aseguró Hernández.

Los personeros

El siguiente paso, luego de un período de noviazgo, es el matrimonio. Para esto, la familia del novio solicita los servicios de un personero —un vecino que estará a cargo de solicitar, a su similar, la mano de la novia—.

Los personeros de ambos novios acuerdan una cita, conocida como “segunda entrada”, en la que las dos familias, si están de acuerdo con la boda, establecen la fecha para la celebración.

A esta reunión se presentan amigos que serán invitados a la ceremonia, y quienes llevan frutas y verduras para acompañar la comida.

Alfredo Vásquez Ortiz y Fabián Urías son dos personeros bastante conocidos en Jumaytepeque.

El padrino

Luego de establecer la fecha, los novios visitan a los padrinos de bautismo y confirmación de los novios, y les piden consejos, además de su bendición.

Después eligen entre los amigos a un padrino para la boda, a quien los novios entregan el “uyuxté”, que en xinca significa “presente o regalo”, y consiste en uno o más canastos con víveres, como verduras, azúcar, arroz, bebidas, carne y el “pan de mujer”, el cual es elaborado por la contrayente.

Dos fiestas

Al concluir la misa de bodas, la comitiva se dirige a la casa de la familia de la novia, en donde los padrinos de la desposada comienzan la celebración, después de que los asistentes lanzaron a la pareja granos de frijol, arroz y maíz, para que nunca les falte alimento.

Durante el festejo, los recién casados se sientan en una mesa preparada para ellos, la cual contiene cuadros de imágenes religiosas, flores y adornos de papel. Además, colocan los regalos que llevan los invitados, y al centro se expone un arbolito de papel crepé elaborado por el padrino de la boda, el cual es un símbolo que los novios deben conservar como recuerdo de esta fecha.

Al día siguiente, la fiesta se traslada a la casa de la familia del novio, en donde los padrinos de este están a cargo del agasajo, el cual se puede prolongar por varios días.

El platillo tradicional que se sirve a los invitados es el arroz en amarillo, el cual es acompañado de refresco de horchata.

Otra singularidad es que la pareja no sale de viaje para la luna de miel.

POR OSWALDO CARDONA / Nueva Santa Rosa

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