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Prensa Libre

29/12/12 - 00:49 Opinión

RERUM NOVARUM

Cerrando el año

Como ya es costumbre en los últimos días del año, muchas columnas de opinión se refieren al año que acaba, a hacer un balance de lo más relevante del año. Esta columna hoy no escapa a esa costumbre. Si tuviera que expresar cuáles son los tres problemas más agudos que la sociedad guatemalteca ha vivido a lo largo de este año no dudaría en señalar la violencia, la desnutrición y el Congreso de la República.

GONZALO DE VILLA

No es ningún secreto que somos una sociedad violenta desde hace mucho tiempo y aunque ha habido avances en cuanto a que la impunidad es hoy menos habitual que en épocas pasadas, el hecho real es que el número de homicidios en el país sigue siendo escandalosamente alto y nuestro único consuelo es que Honduras está aún peor. Pero somos uno de los países con más alto índice de homicidios en el mundo. Miles de guatemaltecos mueren, cada año, como producto de agresiones homicidas. Sin duda que el narcotráfico y el crimen organizado constituyen una fuente importante de los casos más sonados de homicidios en el país, pero la impresión es que el número de muertos a causa del narco es una pequeña minoría del total. Tiene mayor incidencia en el total de asesinatos el fenómeno de las maras y de las bandas de extorsionadores, dirigidas desde las cárceles. Este último hecho y la incapacidad del Estado para impedir que los presos sean operativos en crímenes ocurridos en la calle nos muestra una de las debilidades más grandes que el Estado tiene para combatir el crimen. Tienen también un peso grande en esa tasa alta de homicidios hábitos culturales arraigados que se potencian en las nuevas circunstancias y que le dan a Zacapa, Escuintla y Chiquimula, el dudoso honor de ser los departamentos más violentos del país.

La desnutrición crónica sigue siendo una lacra que se vuelve también hipoteca gravosa para el país. Más de la mitad de los niños del país viven en esa desnutrición crónica y en algunos departamentos de Occidente el porcentaje es de amplísima mayoría. Ha sido así por muchos años y todavía los esfuerzos realizados para combatir la desnutrición son patéticamente ineficaces para cambiar un patrón que condiciona e hipoteca el futuro de la presente y futuras generaciones.

El deterioro del Congreso de la República apunta a una crisis sistémica. Más allá del folclor y los detalles, es cada vez más claro que el Congreso está conduciendo al país a una crisis política de gran magnitud. El transfuguismo revela debilidad en los partidos, falta de ética en los diputados y es expresión de la existencia de un mercado de diputados, dispuestos a venderse al mejor postor.

Queda, entonces, desear y empeñarnos en que el 2013 implique una mejora en la disminución de los índices de violencia y homicidios en el país. Nos queda el reto grande de que el tema de la desnutrición crónica entre en las prioridades no solo del gobierno, sino de todas las instituciones en el país y, finalmente, el reto para el Congreso de autorregenerarse o implosionar.

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