Opinión

Macroscopio

Amenaza, surge con impunidad

Humberto Preti

Humberto Preti

Recientemente vimos cómo en la región de Barillas, Huehuetenango, desfilaron hombres armados bajo la bandera de Movimiento Revolucionario Campesino, en Alta Verapaz comenzaron a circular nombres de finqueros que están en la mira de otro grupo beligerante y la semana pasada fue emboscado y asesinado el Sr. Edwin Wolmers Thomae, que ya estaba mencionado entre las familias amenazadas. Él era acusado de estar construyendo una hidroeléctrica. De la misma manera otro grupo se pavonea con AK en la Sierra de las Minas, lo lamentable es que estos insurrectos ahora accionan con toda impunidad, con un Ministerio Público con una carga ideológica favorable y un ejército que está en la mira de los Semilleros, de los activistas de Derechos Humanos y de parte de la comunidad internacional que les es proclive. Como diría Chespirito, _ ¿Ahora quién podrá defendernos?

Cada vez nos damos cuenta de que la paz fue para los insurgentes una forma de insertarse en la sociedad, siguiendo las estrategias del famoso Foro de Sao Pablo, que cada día cobra más vigencia y el pilar fundamental de la estructura es lo que se llama Sociedad Civil y es que vemos cómo ellos han ido copando todos los temas, desde ambientales, los temas de la mujer, del indigenismo, homosexualidad, la migración, de los monocultivos, de las hidroeléctricas, en fin cuanto tema se les pueda ocurrir.

Lo interesante es que ellos hablan de refundar el Estado fortaleciendo la democracia, lo cual es otra de sus grandes mentiras. Veamos lo que dice una de las conclusiones del Foro de marras:

“El objetivo no es meramente llegar al gobierno, sino llegar para transformar la sociedad. Y como ello no es tarea de unos pocos años, sino un proceso complejo y largo, ser imprescindible, consolidar y ampliar los respaldos sociales para la construcción de un proyecto estratégico que permita mantenerse en el gobierno y realizar los grandes cambios revolucionarios que demandan nuestras sociedades”. Los ejemplos de Cuba y Venezuela están a la vista, en Bolivia y Argentina casi los logran, no digamos en dictaduras como China, Vietnam y Guinea Ecuatorial.

En verdad, la izquierda se apropia de la democracia y pregona que es su único fin, en Sao Pablo refrendaron lo siguiente: “Nuestra meta es la revolución, es decir, una profunda transformación de la sociedad, la que habrá de realizarse reafirmando y recreando la democracia, aspecto esencial de todo proyecto alternativo”. Pero si vemos, la realidad es otra, en el momento que accedan al poder restringen los derechos del individuo, de la sociedad, de la libertad de expresión.

La izquierda del siglo XXI se ha apropiado de la bandera anticorrupción, flagelo que sigue siendo un común denominador en América Latina y los regímenes socialistas no son la excepción, pero allí no la critican, sencillamente no les está permitido.

Maneja un discurso antimilitarista, para después cooptar con otro nombre diferente unas fuerzas armadas represivas y que sustituyan a los militares de escuela con valores patrióticos. Cuba, Nicaragua y Venezuela son claros ejemplos de guardias plegadas al líder de turno.

Este flagelo ha hecho que muchos pueblos tengan la impresión de la política como fuente de corrupción y ha provocado una idea falsa de que la corrupción no es cuestión de individuos en general sino del sistema político.

Se pactó en México que una policía nacional “civil” sustituiría al Ejército, acuerdo a todas luces inconstitucional, pero ideal para los insurrectos. El ejército reducido y debilitado, gracias a Óscar Berger, que a los seis días de gobierno redujo 15 mil efectivos, no puede enfrentar la amenaza que desde ya vemos surgir con toda impunidad.

induagro@yahoo.com