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22/12/12 - 00:00 Opinión

ALEPH

Dos holocaustos

Quien llegue a Bélgica y se disponga a visitar el recién fundado Museo del Holocausto y los Derechos Humanos “Kazerene Dossin” hallará en el tercer nivel, dedicado a La Muerte, la obra del fotógrafo guatemalteco Daniel Hernández-Salazar. Conocida como Los Ángeles, es su más famoso políptico, ya que fue usado como portada del informe “Guatemala: Nunca Más” y miles de afiches circularon con esas imágenes fuera y dentro de nuestro país. Ahora forma parte de la colección permanente de ese museo.

CAROLINA ESCOBAR SARTI

Los dos niveles que han de recorrerse antes de llegar a éste están dedicados a La Masa, como posible instrumento político, y a La Angustia, por más que obvias razones.

Llama la atención que las imágenes de los cuatro Ángeles de Daniel están situadas frente a la exhibición dedicada al campo de concentración de Auschwitz, justo delante de la vitrina donde se exhiben tres uniformes utilizados por los prisioneros en ese campo. Son esas imágenes las que cierran temáticamente el recorrido por el museo y están dentro de la parte dedicada a los Derechos Humanos en el mundo y a los “crímenes de masas con un sentido étnico”. Pareciera esta última una expresión sinónima de la de genocidio.

¿En qué punto se tocan el Holocausto ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial y el “Holocausto” guatemalteco? El Dr. Herman Van Goethen, curador del Museo, dijo el 2 de diciembre pasado que el fin de ese espacio era traer a la memoria lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial, en el marco de la “colaboración” que se dio entre el gobierno de una Bélgica ocupada entonces y una Alemania nazi. Señaló que el nombre del museo deviene de la “caserna” militar donde estuvieron reunidos los más de 25 mil judíos y gitanos que luego serían deportados al campo de concentración de Auschwitz, donde menos del 5 por ciento sobrevivió. Poco se ha hablado de este tema “tabú” hasta ahora, dijo Van Goethen.

Por ello, fue él mismo quien decidió incluir dentro de la colección permanente del museo el políptico guatemalteco denominado para este espacio como “Esclarecimiento”. A partir de esas imágenes, dijo el curador, se puede comparar la actitud de la sociedad belga con la de la guatemalteca cuando se trata de enfrentar la propia historia. Cada vez que al terminar su recorrido por el museo llega al políptico les dice a los visitantes: “¡Esto es Bélgica! Esa fue nuestra actitud durante la Segunda Guerra (y señala a los tres primeros ángeles que se tapan boca, ojos y oídos) y ésta debe ser la actual (señalando el cuarto Ángel, que tiene las manos en la boca a manera de altoparlante)”.

Los dos holocaustos se tocan, se rozan las puntas de los dedos, como sucede en el famoso cuadro de Miguel Buonarotti, aquel de La Creación de Adán que está en el techo de la Capilla Sixtina. Finalmente, el holocausto guatemalteco es reconocido como tal en un espacio público, a la par del más difundido y terrible de la historia moderna. A partir de ahora, en este museo inaugurado por el rey de Bélgica, Alberto II, y el primer ministro del Gobierno Flamenco, Kris Peeters, Guatemala deja de ser un punto exótico en el mapa del mundo, para convertirse en un referente innegable de la violencia más extrema, gracias a la obra de Hernández-Salazar.

No son dos holocaustos lo que en este museo se une, sino el tabú y el silencio que los preservó de encarnar en nuestras sociedades e impidió ver el horror de frente por tanto tiempo. No son dos holocaustos, puestos uno frente al otro, lo que es igual, sino el haber rasgado la pared de lo innombrable y reunido la evidencia común más rotunda para probar el absurdo humano. No son sólo dos holocaustos, sino la confirmación de que dos países tan distantes pero tan parecidos en esto, siempre llegarán a encontrarse en la esperanza de que lo oscuro no los vuelva a habitar.

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