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Dos artistas Contemporáneos
Por:
Guillermo Monsanto
En el siglo XX hubo períodos en que se hicieron esfuerzos apreciables para promover las artes visuales de Guatemala.
Aún así, circunstancias determinantes, entre ellas las del tinglado político, dejaron a la sombra trabajos y creadores que, ante la imposibilidad de sobrevivir económicamente de su talento, se convirtieron en empresarios o buscaron trabajos alternativos. De este modo, sin dejar de producir, distrajeron su energía hacia otros derroteros para asegurar el sustento de los suyos.
No son las ventas las que determinan si es bueno lo que producen los artistas o lo contrario. Muchas veces tampoco el parecer de los curadores es el más acertado, principalmente si éste es el que se beneficia con la comercialización de lo que estructura.
Todavía es menos aceptable si una generación, con afanes de situarse, elimina de sus listas a quienes no considera afines a sus exploraciones o lo que es peor, a su pensamiento. Es el objeto creado -pintura, escultura, fotografía u otra técnica- el que al final posee la última palabra. El recuento de valores es el que refleja la capacidad y alcance de su creador.
No fue sino hasta finales de la centuria que la promoción, rescate y documentación encaminaron hacia otro futuro más promisorio a las nuevas generaciones. Al mismo tiempo, todo este trabajo fue asegurando la supervivencia de lo que estaba en el limbo de la memoria y que, por falta de visión, fue relegado en los últimos años a un segundo plano.
Entre los movimientos más desplazados destaca el estilo que Zipacná de León (1948- 2002) mencionó como realismo neo-impresionista guatemalteco.
En marzo del presente año el Museo Ixchel del Traje Indígena acogió para su exposición permanente varias obras de Hilary Arathoon (1909-1982). La participación más sobresaliente de este artista en la plástica nacional se dio a través de su militancia en el grupo Triama a finales de los años veinte y Arcada a mediados del siglo. Además, mantuvo presencia en exposiciones colectivas.
El año de su deceso, la Fundación Paiz organizó una retrospectiva de grandes dimensiones en el Instituto Guatemalteco de Turismo. Arathoon enfocó su atención a las vistas urbanas, el retrato, el paisaje y trabajó técnicas como la acuarela y óleo. Se le conocen algunos bajorrelieves en madera. En su iconografía predominan los temas indígenas y la riqueza del color de su vestuario.
Jaime Arimany (1908-1995), también miembro de Triama y Arcada, pertenece a la generación del veinte por su precocidad en el campo de las artes. En lo histórico su obra se desliga del olvido debido a la difusión que consiguió a lo largo de su longeva vida creativa y a por lo menos dos exposiciones póstumas. Entre los últimos méritos alcanzados en vida se encuentra el Glifo de Plata en la Bienal de Arte Paiz de 1994.
Coincidiendo con la muestra de Arathoon, Cantón Exposición presentó semanas atrás una bien lograda retrospectiva de Arimany integrada por vistas de los lagos de Amatitlán y Atitlán. En la misma destacó el estilo impresionista del autor y su capacidad personal en el manejo del color.
Ambas exposiciones vienen a recordar, en el momento oportuno, que no se debería de hablar de un arte actual, nacido de la nada, porque sí hay bases que lo fundamentan. La historia del arte guatemalteco del siglo XX aún está por escribirse.
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