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IN ABSENTIA La liberación del liberacionista
Su experiencia, su partido y su casa sirvieron de consejo, sombra y cobijo para futuros presidentes.
Por:
José Luis Chea Urruela
El 5 de noviembre de 1950, el coronel Carlos Castillo Armas es encarcelado en la Penitenciería Central, días después es liberado por un joven político que responde al nombre de Mario Augusto Sandoval Alarcón quien lo traslada a la Embajada de Colombia.
Con el tiempo Castillo Armas llegaría a ser la figura más visible de la Contra-Revolución y su liberador y amigo personal, se convertiría en su secretario privado hasta el día de su asesinato.
Castillo Armas no sólo le heredó a Sandoval Alarcón una Colt 45, con cacha nacarada, sino también todo un legado político que eventualmente haría de Sandoval Alarcón -bajo el lema de Dios, Patria y Libertad- no sólo la figura más visible del anticomunismo en Guatemala sino que también lo catapultaría entre otros, a los cargos de presidente del Congreso, vicepresidente de Guatemala, a ser dos veces candidato presidencial y a convertirse en el líder vitalicio del hoy extinto partido Movimiento de Liberación Nacional (MLN).
Desde los inicios de su agitada y controversial vida política, el nombre de Sandoval Alarcón siempre estuvo vinculado a conocidos militares de su época, Francisco Javier Arana, Carlos Castillo Armas, José Luis Cruz Salazar, Miguel Angel Ponciano, Enrique Peralta Azurdia, Carlos Arana Osorio y Kjell Eugenio Laugerud García son tan sólo los nombres más visibles de esa alianza que se formó entre Sandoval Alarcón, el Ejército de Guatemala y el MLN.
Sin voz -gracias a un discurso sobre Belice- pero con poder, Sandoval Alarcón, su experiencia, su partido y su casa sirvieron de consejo, sombra y cobijo para futuros presidentes como Ramiro de León Carpio, su secretario privado durante su presidencia de cuatro años en el Congreso de la República, Alvaro Arzú, presidente de la rama profesional del MLN, antes de emigrar al PNR. A partir de 1985, la derecha se le escapa de las manos. 18 años después se le escapa la vida.
La vida política de Sandoval Alarcón estuvo marcada desde su inicio por la cárcel, el exilio, el poder, la traición y la muerte. Salamá, “La Gotera”, España, el Congreso, la vicepresidencia, la violencia organizada, son tan sólo algunas de las tenues pinceladas en la azarosa y consistente vida del líder político de lo que en una época se conoció como la derecha extrema.
La madrugada del jueves 17 de abril, tratando de hacer una última llamada telefónica, un paro cardíaco logró -lo que nunca pudieron ni el cáncer ni sus enemigos- matarlo. En su casa en el bulevar Liberación, zona 9 , bajo la fría mirada de un retrato de Castillo Armas pintado por Garavito, Sandoval Alarcón el liberacionista, era liberado, por la muerte, de su pena y de su gloria. El luto seguía siendo permanente, entre sus amigos y sus enemigos, entre los vivos y los muertos.
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